November 29, 2021

“A Love Supreme”: por qué la grabación inédita en vivo de John Coltrane es “una humilde ofrenda a lo Divino

Tras la publicación de la mítica suite que el saxofonista estadounidense grabó en 1964 en Seattle, tres años antes de morir de cáncer a los cuarenta años de edad, una radiografía de este disco que ya es una joya de la historia del jazz.

27/10/2021

Por Fernando Ríos
Para infobae

No deja de ser sorprendente cómo el escenario mundial del jazz se ha visto conmocionado por el trabajo hasta aquí desconocido de un músico que falleció hace 54 años. Claro que ese artista es nada menos que John Coltrane, el revolucionario saxofonista que apenas vivió 40 años, dueño de un talento que sobrevive épocas y modas y que ahora vuelve a sorprender a propios y extraños con A Love Supreme: Live In Seattle; una grabación inédita en vivo de la mítica suite que resiste airosa el paso del tiempo.

Considerada por el público y la crítica como su obra maestra, un auténtico manifiesto espiritual que iniciaba un camino de exploración inédito para las nuevas generaciones; la suite Un amor supremo fue grabada entre el 9 y el 10 de diciembre de 1964 (aunque para el disco sólo se usó la toma del primer día) y editada en febrero del año siguiente por ¡Impulso!, la filial de la Compañía Americana de Transmisión y uno de los sellos más innovadores e influyentes en la historia grande del jazz.

El registro original, editado a principios de 1965, fue producido por Bob Thiele, quien dirigió Impulse! desde 1961 a 1969 y grabó figuras icónicas como Sonny Rollins, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Archie Shepp y Albert Ayler; fue un éxito rotundo. Obtuvo dos candidaturas a los premios Grammy, fue elegido registro del año por la revista especializada Down Beat y hasta hoy vendió miles de copias en todo el mundo. Coltrane sobrevivió solo tres años a la aparición de aquella grabación emblemática. Murió el 17 de julio de 1967, víctima de un cáncer fulminante.

Hasta hoy se creía que luego de aquel histórico registro en estudio, Coltrane había grabado solamente una vez en vivo esta obra. La data hablaba de julio de 1965, en ocasión de un festival en Juan-Les-Pains, un balneario del sureste francés. Aquella versión en vivo, editada 20 años después, es atesorada aún como una piedra preciosa por los seguidores de Trane. De allí la sorpresa y conmoción del mundo jazzero ante la aparición de A Love Supreme: Live In Seattle, un registro inédito, tomado en aquella ciudad norteamericana tres meses después del show francés y que ¡Impulso! lanzó el 8 de octubre.

La toma realizada en el club El ático fue obra de Joe Brasil, músico, educador y amigo de Coltrane, a través de dos micrófonos y un Ampex de carrete a carrete. Brasil conservó las cintas durante casi medio siglo en su archivo personal y recién fueron encontradas y clasificadas después de su muerte en 2008.

Aunque grabadas en forma rudimentaria, las pistas conservan un sonido de calidad que llamó la atención de los técnicos. El ingeniero Kevin Reeves, quien trabajó en la restauración, aseguró que no se observaron los daños habituales producto del calor y la humedad. “Estas cintas están en excelentes condiciones y los resultados se encuentran entre las mejores grabaciones de aficionados con las que hemos trabajado” apuntó.

La grabación de Brasil tiene un valor único, ya que captura una de las rarísimas ocasiones en las que Coltrane interpretó las cuatro piezas o movimientos que componen este icónica suite y además lo hace junto al pianista Horace McCoy Tyner, el bajista Jimmy Garrison y el baterista Elvin Jones; la misma formación con la que realizó la histórica grabación en estudio de un año antes. Como valor adicional, aquella noche del Ático, Coltrane había expandido la plantilla, incorporando a su discípulo Lijadoras del faraón en saxo tenor y a Donald Garrett en clarinete bajo, buscando quizás nuevas sonoridades.

Para el periodista Ashley Kahn, quien ejerció la crítica de jazz en Los New York Times y tiene un libro publicado sobre la grabación original de Un amor supremo; el reciente descubrimiento de un registro en vivo de la suite “ofrece la primera evidencia del maestro de la expresión espiritual interpretando su trabajo característico, en los estrechos confines de un club de jazz”.

En las notas que acompañan el disco, Kahn, quien en 2006 publicó la historia del sello Impulse! en su La casa que construyó Trane, asegura que para Coltrane un amor supremo fue “una humilde ofrenda a lo Divino. No se ofreció de manera similar ninguna otra composición o grabación ni adjuntó su firma a ninguna otra obra. Un amor supremo fue tanto un testamento individual como una declaración pública, un sermón de creencia universalista. A Love Supreme: Live In Seattle ahora expande la historia de un gran músico y una pieza musical atemporal”.

La actuación inédita que ahora se edita tiene una extensión mayor a la del disco original, ya que por entonces Coltrane avanzaba hacia un estilo que buscaba profundizar aún más su veta espiritual; camino que incluso lo motivó a incluir un poema propio de alabanza en la cartilla de aquella edición, en el que define su trabajo como “un regalo a Dios”.

Claro que la novedad que produce la aparición de esta copia no es la primera y es unánime el deseo para que no sea tampoco la última, ya que en los últimos años han aparecido otros registros perdidos de Trane, que transforman su ausencia en un sentimiento cada vez más presente y entrañable.

Así en 2018 los aficionados tuvieron un motivo más que válido para festejar la vigencia del músico nacido en Carolina del Norte. Ese año se confirmó la aparición de Ambas direcciones a la vez, las cintas perdidas de una sesión de estudio de 1963, que a poco se convirtieron en el lanzamiento jazzístico más importante del año. Las cintas fueron halladas por la familia de Juanita Naima, la primera mujer de Coltrane. La aparición de ese registro “fue como encontrar un cuarto perdido en la Gran Pirámide”, graficó por entonces Sonny Rollins, el último coloso del saxofón tenor.

John ColtraneJohn Coltrane

Unos años antes, en 2005, ¡Impulso! había editado un material inédito del cuarteto de Coltrane en vivo en el Half Note de Nueva York en 1965. Poco después el hallazgo de unas cintas arrumbadas en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, permitieron conocer la existencia de una grabación desconocida de Coltrane junto a Monje Thelonious, tomada en sala Carnegie en noviembre de 1957; sumando nuevos motivos de interés para los aficionados.

Por eso no es de extrañar que este archivo recuperado agigante la trascendencia del registro original, sobre el que los críticos vienen entregando elogios desde hace décadas. Por caso el crítico norteamericano Ted Joy, autor de varios libros sobre el jazz y de una interesante historia del género, Un amor supremo se inscribe por derecho propio en las corrientes más libres de aquellos años. “La libertad, dice Alegría, fue un término de fuertes implicaciones políticas en el discurso público entre fines de los 50s y principios de los 60s”, por eso “resulta difícil hallar algo más explosivo, más rebosante de profundos significados y emociones durante esos años tumultuosos”.

Para el español Chema García Mártinez, por años crítico de jazz de El País de Madrid, el registro de Coltrane pasó “de ser el disco de jazz preferido de los universitarios con ínfulas en la Norteamérica del Poder de la flor a convertirse en lo que hoy llamaríamos un trending topic entre las audiencias generalistas. 50 años después de su edición, Un amor supremo conserva intacto su poder de fascinación”.

Con similares conceptos se pronuncia Carlos Sampayo en su reciente Discografía personal del Jazz, editado por Musical Gourmet, en la que no solo destaca el registro como uno de los discos esenciales y una obra maestra, sino que lo define como “punto de partida de la larga búsqueda de su autor en el mundo de los sonidos y el espíritu. Un amor supremo, dado Sampayo, “es amor y rabia, es grito y plegaria”.

Entre el consenso de alabanzas destaca sin dudas la de Amira Baraka. Nacido Leroi Jones, poeta, escritor, figura central del movimiento beatnik de los años 50, fue testigo directo y crítico insobornable de la música negra de aquellos años, a la que alentó con fervor militante en medio de un país enceguecido por la segregación y el racismo. “Una de las cosas más incomprensibles de los Estados Unidos es el hecho de que, a pesar de su perfil esencialmente despreciable, todavía exista aquí tanta belleza”, decía a mediados de los 60.

Para Baraka, el joven Coltrane, al que siguió personalmente desde sus comienzos; era una esperanza concreta que más allá de la música, enaltecía lo mejor de las personas. “Hay un carácter osadamente humano en la música de Coltrane que se hace sentir, no importa donde se la grabe. Si uno sabe escuchar esta música, puede hacerle pensar en un montón de cosas extrañas y maravillosas. Podemos incluso volvernos una de ellas”. Más de medio siglo después, sabemos que Amira Baraka tenía razón.