September 22, 2021

¿Es Ole Gunnar Solksjaer el técnico idóneo para Cristiano Ronaldo?

LOS ÁNGELES — La sabiduría popular suele popularizar maldiciones. “Segundas partes nunca fueron buenas”. Pero, emergió cuando más se le precisaba, donde menos se le esperaba, pero, siempre, cuando más se le necesitaba.

Cristiano Ronaldo regresó al Cielo de los Diablos Rojos, al Teatro de los Sueños, donde dejó, por lo visto, vigilias pendientes. Hizo los dos primeros goles que amarraban la victoria: Manchester United 4-1 Newcastle. Después, llegarían los ornatos de Bruno Fernandes y Jesse Lingard.

Cayó el primero y la tribuna entera bufó antes que él mismo: “¡Síuuuuuuu!”. Dos letras agudas hicieron un rugido grave del orfeón y del festejo. Ese ya legendario silbido de ofidio festivo. “Nació así, natural, porque lo sentí, porque las mejores cosas nacen así, de forma natural”, explicó alguna vez CR7 un DAZN.

Ése, el primero, revela al cazador furtivo, acechante. Su instinto parado de puntitas, vigilando la jugada, ubicándole a espaldas de los defensas, aguardando el desliz de la víctima. Rechace del arquero Freddie Woodman, y el punterazo oportuno de Cristiano. 1-0.

El segundo, es un desprendimiento de Luke Shaw, un perfecto trazo a fondo. Lo de siempre, CR7 y el lema olímpico: “más rápido, más alto y más fuerte”. Roza el balón, apenitas, para hacer sentir más cómodos a todos, al esférico, a su propio organismo, y dejar un metro detrás a su sabueso. Woodman sabía que estaba en la historia. El regreso de El Bicho lo victimizó dos veces para una sola eternidad.

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Había dudas sobre su llegada a Manchester. ¿Dónde? ¿Con quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por quién?

Ole Gunnar Solksjaer era el único hombre tranquilo en todo Manchester. El resto de ese universo sufría sudoraciones. El técnico revelaría que había dormido plácidamente la noche previa al juego con Newcastle. Las dudas tenían pesadillas a su lado.

Entendible en un noruego que vio desde la cuna cómo el Sol sufre de insomnio. El astro se acuesta a la medianoche y se levanta un segundo después. “La noche se acercaba de nuevo, el sol apenas se había sumergido en el mar y resucitó de nuevo, rojo, refrescado, como si hubiera ido a beber”, escribió Knut Hamsun en su obra Sartén.

Desde que el rumor trasmutó en noticia, en torno a la llegada del artillero portugués, Solksjaer había armado ya el rompecabezas. Donde otros veían un acertijo, él ya tenía la respuesta. ¿Qué necesitaba saber de Cristiano que no supiera ya?

Vaya, si incluso, el técnico del Manchester unido, por uno de esos albures traviesos del destino, nació en el Estrecho de Cristiano, una población al noroeste de Noruega: Kristiansund, donde estaba destinado a ser uno más de los entonces 17 mil habitantes abocados a la comercialización del bacalao.

Y Solksjaer puso a contraluz a Cristiano Ronaldo en su etapa floreciente con los diablos Rojos. Lo vio desde la banca, desde la tribuna, y por supuesto, en la cancha, hombro con hombro, durante más de 40 partidos. Y claro centenares de entrenamientos.

Pudieron ser más, debieron ser más interacciones en la cancha, pero una carrera accidentada, con lesiones, se cebó sobre el noruego, quien se convirtió en el jugador con más goles viniendo desde la banca, en la historia del club. Solksjaer, durante 11 años, marcó 29 de sus 126 goles entrando de relevo.

Por eso, sin saber que alguna vez el nacido en el Estrecho de Cristiano (Kristiansund) tendría la oportunidad de dirigir al portugués, pudo observarlo desde todas las perspectivas, desde todos los ángulos, desde todas sus manifestaciones. En el vestuario, en la cancha, desde la languidez de la banca y el ostracismo de la tribuna.

Por eso, cabe perfectamente el razonamiento: ¿Quién puede conocer mejor a Cristiano Ronaldo que el mismo Ole Gunnar Solksjaer?

Por eso, la epifanía de Cristiano entre los Diablos Rojos, llegó el sábado, ante Newcastle, y por eso, el entrenador noruego pudo dormir como nunca pudo hacerlo en los eternos días en su natal Kristiansund.

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Mientras Solksjaer roncaba, Steve Bruce, riguroso defensa en su época de jugador, trataba de armar una trinchera capaz de contener a un poderoso ataque, con una nueva ojiva nuclear en sus ataques.

Y no era sólo Cristiano Ronaldo, pero, era, especialmente Cristiano Ronaldo. El artefacto estaba armado, pero esos malditos del Manchester unido tenían que ir por la más letal de las armas disponible en el mercado.

Eligió una marcación doble por zona. Eso exigía una tremenda atención de sus jugadores, no sólo de sus zagueros, sino de todo el equipo. No sólo debían seguir la acción y el accionar del equipo, sino además formar sociedades espontáneas, improvisadas, emergentes.

Era un plan de contingencia diferente a cada segundo para el plantel del Newcastle. No podía ser perfecto 90 minutos. Ningún futbolista es capaz de soportar semejante carga: analizar al adversario, ser el sabueso de un jugador que jamás se mantuvo quieto en la cancha, y encima debía improvisar con el compañero más cercano para marcar a ese depredador. Era como bailar tango con dos pies izquierdos.

Había un agravante más: el tipo en cuestión, es capaz de recomponer. Cristiano Ronaldo leyó pronto el plan orquestado en su contra. Y se salió del área. En plenas embestidas de su equipo, él circulaba en tres cuartos de la cancha. La presa había saltado de la línea de cacería.

Eso generaba incertidumbre, desconcentración. ¿Quién debía seguir a Cristiano hacia esos terrenos, cuando aparecían con muy similar explosividad, los inquietos, felices y terribles Mason Greenwood, Bruno Fernandes, Paul Pogba y Jadon Sancho?

El pizarrón perfecto del técnico Steve Bruce se hacía añicos, ante las improvisaciones de CR7, quien arrastraba a un par de jugadores y abría llanuras al frente.

Era evidente que aún había afonías y desarmonías entre los jugadores del Manchester unido. De repente, Cristiano Ronaldo ya no estaba en el área, sino a su lado, invitando a que penetrara ahí Greenwood O Sancho O Pogba O Fernandes, dejando como referente descubierto a Saint-Maximin.

2-1, los dos con su firma del “¡Síuuuuuu!”, y no dejaba de moverse. Y sí, el desconcierto no era sólo del rival, sino de sus compañeros. De repente, el referente como segundo de área, se convertía en un socio más, que le cedía la cortesía de ocupar su lugar en el área, mientras ya había limpiado la garita de entrada.

Cristiano confirmaba que él no fue el único que se equivocó en la Juve, sino que en la usted se equivocaron junto con él. No había necesidad de que jugaran para él, sino, solamente, de que aceptaran jugar con él.

Vendrán otro tipo de sinodales. Este martes los espera el Young Boys en la Champions, y después dos citas ante el West Ham, una en la Liga y otra en la Copa. Y, sí, la confrontación que Usted aguarda será el 6 de noviembre, en el Derby de Manchester y los Los ciudadanos de Pep Guardiola.

Por lo pronto, parece que tenía razón Ole Gunnar Solksjaer. ¿Qué necesitaba saber de Cristiano Ronaldo que no supiera ya? El nativo del Estrecho de Cristiano, ve un amplio horizonte de amaneceres eternos, pero noches plácidas.

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