January 19, 2022

“Es la proximidad de la democracia ucraniana lo que asusta a Putin, más que la OTAN”

Kenneth Roth es el director ejecutivo de Human Rights Watch (HRW). La ONG publica, el jueves 13 de enero, su informe anual sobre la situación de los derechos humanos en los 110 países en los que tiene especial actividad. Mira retrospectivamente la situación en los estados de la antigua Unión Soviética (URSS), treinta años después de su caída.

¿Cómo interpreta los recientes disturbios en Kazajstán y la represión orquestada por el presidente Kassym-Jomart Tokayev con el apoyo de la Rusia de Vladimir Putin?

Estos eventos son parte de dos dinámicas diferentes. Primero, un levantamiento popular en reacción al aumento de los precios de la gasolina. Esta protesta expresó muy rápidamente una insatisfacción más amplia con el régimen autocrático en el poder en este país. Luego, en pocos días, este fenómeno estuvo acompañado de una lucha por el poder entre los allegados al presidente Tokayev y los del exlíder Nursultan Nazarbayev.

No es de extrañar que el Kremlin haya estado muy atento a la situación para evitar cualquier posibilidad de desestabilización, como ha ocurrido en otros lugares de la región en los últimos años ante las “revoluciones de color”. Así, los tres países de la región que están concentrando los esfuerzos del ejército ruso son estados que han experimentado una especie de impulso democrático. Kazajstán entra en esta categoría, al igual que Bielorrusia, donde el presidente Alexander Lukashenko probablemente perdió las elecciones de 2020 antes de tomar medidas enérgicas contra su oposición.

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Solo Ucrania ha sido capaz de lograr su ambición democrática. En mi opinión, también es la proximidad de la democracia ucraniana lo que asusta a Vladimir Putin, mucho más que la amenaza de ver a este país ingresar algún día en la OTAN. El endurecimiento de Moscú se explica por el temor a cualquier forma de cambio democrático en casa y entre sus vecinos.

Sobre Bielorrusia, ¿qué opina del intento, en 2021, de instrumentalizar a los migrantes llevándolos a la frontera polaca?

Para Alexander Lukashenko, se trataba de protestar contra las sanciones impuestas contra él por la Unión Europea (UE), pero este cínico cálculo no funcionó. Tuvo que renunciar porque los inmigrantes amontonados en la frontera no podían cruzar a Polonia. El gobierno polaco aprovechó la oportunidad para tratar de desviar la atención suscitada en Europa por sus propios excesos, como la impugnada reforma del sistema de justicia, esgrimiendo un discurso xenófobo.

En este caso, la UE actuó miserablemente cuando Varsovia decidió hacer retroceder a estas personas. Cerró los ojos, un poco como también pasa en Grecia. Es una forma de violar las convenciones internacionales sobre asilo.

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