January 24, 2022

“En Francia, las fábricas están volviendo, y en ocasiones gracias a la creación de empresas jóvenes, pero la reindustrialización masiva aún no es una realidad”

Pérdidas y ganancias. En este comienzo grisáceo de diciembre, donde resurgen viejos temores – epidemias, inflación, cataclismos climáticos – todas las buenas noticias están para tomarse. Semanalmente La nueva fabrica nos trae uno sobre la reindustrialización de Francia. Según su clasificación anual, en 2021 hubo el doble de aperturas de sitios, cincuenta y tres en la lista, que de cierres (veinticuatro). Estos habrían caído un 43% durante los primeros nueve meses del año en comparación con 2019.

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La Laiterie de Saint-Denis-de-Hôtel está construyendo un nuevo almacén en Loiret y una planta embotelladora en Maine-et-Loire: 300 millones de euros de inversión y 300 puestos de trabajo para 2024. Faurecia está creando un centro industrial en Doubs, Chamatex ha comenzado a fabricar calzado deportivo en Ardèche… La lista es larga e incluye tanto la producción como los almacenes y la investigación y el desarrollo. Además, hay una treintena de ampliaciones de las capacidades existentes. Se trata de todos los sectores, con fuerte presencia en la industria alimentaria, energética y farmacéutica. Y todas las regiones también.

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Esto es lo que da a la industria su carácter precioso, su capacidad para establecerse fuera de los grandes centros urbanos y para estructurar la vida de las ciudades y pueblos. En su último y formidable trabajo Francia ante nuestros ojos (Umbral, 496 páginas, 23 euros), Jérôme Fourquet y Jean-Laurent Cassely narran, por ejemplo, la desaparición de los clubes de fútbol en estas pequeñas localidades, todo ello patrocinado por el industrial local y un importante instrumento de vínculo social.

Logre ganancias de productividad

Las fábricas están regresando, y en ocasiones gracias a la creación de empresas jóvenes, pero la reindustrialización masiva aún no es una realidad. La crónica habitual de las tragedias industriales no ha cesado, como lo demuestra el reciente cierre de la fundición SAM en Aveyron, por no hablar de grandes grupos como Michelin, Renault o Stellantis, que están reduciendo la plantilla en silencio para no cerrar fábricas.

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Preguntado, miércoles 1es Diciembre, según Reuters, Carlos Tavares fue muy claro sobre el automóvil eléctrico: “Impone la electrificación a la industria automotriz, lo que agrega un 50% más de costos a un vehículo convencional. Es imposible que pasemos el 50% de los costos adicionales al consumidor final, porque la mayoría de la clase media no podrá pagar. ” Como resultado, estima que necesita lograr ganancias de productividad del 10% por año en lugar del habitual 2% a 2,5%. Una forma de preparar las mentes para una mayor automatización, presión sobre los proveedores y… reubicaciones. La batalla de las fábricas aún no está ganada.