January 18, 2022

La precariedad estudiantil, reflejo de un modelo de ayudas que se está agotando

Son apenas las 5 de la tarde y las mesas de ayuda alimentaria ya se han vaciado casi por completo. “Para los que lleguen después de sus lecciones, será el desierto de Gobi”, lamenta Chantal, voluntaria de los Restos du cœur, que organiza, todos los jueves, una distribución destinada a un público menor de 30 años en el barrio de la Juventud, place du Louvre, en París. Unos sesenta jóvenes ya han acudido en masa a la sala de este espacio inaugurado en octubre por el ayuntamiento de París, para llenar sus tote bags de yogures, latas, huevos frescos – y unas pocas verduras del día: comida demasiado cara para estas personas. .los estudiantes, la mayoría de los beneficiarios, se fueron en poco tiempo.

“Cuando solo tienes 350 euros para vivir, solo compras lo mínimo: lo que te llena el estómago, fideos o arroz”, señala el voluntario. La mayoría de las comidas para Hamery de Melo, de 23 años, que está esperando en el fondo de la sala para registrarse. Un estudiante de la escuela de negocios, acaba de ser despedido por la agencia de fotografía que lo contrataba por trabajo y estudio, y ha perdido su única fuente de ingresos: 823 euros al mes. “Una mañana, sin motivo alguno, me dijeron: ‘te puedes ir’, él dice. No sé cómo manejar las facturas. ” En septiembre, Hamery ya había reducido sus comidas para pagar el depósito de su estudio – un 17m² a 550 euros. Su madre, que acompaña a los estudiantes discapacitados, sola con el cuidado de sus tres hermanos y hermanas, no puede ayudarlo mucho, por lo que lo poco que le queda ahora lo guarda en alquiler.

“Con la reanudación del Covid, mis empleadores vieron un regreso al teletrabajo y la obligación de proporcionarme una computadora, etc. “, piensa el alumno. Ya en 2020, en medio de una crisis pandémica, tuvo que “Un año blanco” por no poder encontrar una alternancia. Hoy tiene que volver a buscar empleador: no puede pagar los 10.000 euros de matrícula de su escuela, que paga la empresa en el caso de un programa de trabajo-estudio. Historias como la de Hamery, símbolo de una juventud ya frágil y golpeada por la prolongación de la crisis sanitaria, afluyen a este punto de distribución. Los primeros en sufrir el más mínimo cambio, los jóvenes constituyen ahora la mitad de las personas ayudadas por los Restos du cœur.

“Abrumado por las solicitudes”

A pesar de la recuperación económica al inicio del año escolar, las distribuciones de alimentos siempre están llenas. Cara visible del fenómeno, estas imágenes de filas interminables de estudiantes esperando un almuerzo para llevar han impactado especialmente en el extranjero y en la opinión pública. “Han revelado focos de pobreza que se vienen extendiendo desde hace años entre los jóvenes: entre algunos de los jóvenes abandonados por diversos sistemas de protección social y entre toda una franja de estudiantes”, subraya la socióloga Camille Peugny, autora de Por una política de juventud (Seuil-République, 128 páginas, 11,80 euros), que se publicará en enero.

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