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August 1, 2021

1959, el año en que el jazz sacudió el mundo

John Coltrane en un ensayo. / RC

Miles Davis, John Coltrane, Dinah Washington y Dave Brubeck grabaron obras maestras

El
mismo año que murieron Billie Holiday y Lester Young, grandes referencias de los primeros tiempos del jazz, se grabaron siete de los
mejores vinilos de aquella música surgida en Nueva Orleans. En 1959 en las tiendas de discos aparecieron ‘long-plays’ firmados por estrellas como Miles Davis y Dinah Washington, pero también las óperas primas de otros que serían leyendas después, como Chet Baker. No eran unos discos más. El jazz se ramificaba desde lo tradicional y el be bop hacia movimientos como el cool, el free jazz o el hard bop.

Los músicos exploraban nuevas posibilidades y dejaban verdaderos manifiestos artísticos.
El jazz de aquella época fue un fenómeno tanto musical, quizás el más importante surgido en el siglo XX, como social. Ese último año de la década de los cincuenta, la industria reconocía a Ella Fitzgerald en los primeros premios Grammy de la historia, y algunos álbumes vendieron cientos de miles de copias. El movimiento había llegado a la cima pero debía mantenerse sin perder su efervescente evolución. Estos siete álbumes marcaron la ruta.

‘Kind of Blue’ Miles Davis

Cuando graba esta obra maestra, Davis (1926-1991) ya es uno de los máximos exponentes del be bop,
la corriente del jazz que rompió con el swing y convirtió a los músicos de orquesta en artistas del instrumento. Pero regresa a Nueva York inconforme con sus últimos trabajos, y forma un sexteto de hard bop, para explorar nuevas formas creativas. Cuenta con figuras como Coltrane, que volvía al amparo de Davis, y Evans, que compone uno de los temas. El álbum se graba en diez horas, y comienza con el cadencioso riff de ‘So What’.

‘Tiempo fuera’ Dave Brubeck

El pianista, con un
magistral Paul Desmond en saxofón alto, compone un repertorio de complejo tempo y estructura, ritmo irregular inspirado en músicas populares de Europa y Asia y con drásticas variaciones en la misma pieza. Basado en las teclas y con largas frases de saxo, se trata de un meditado virtuosismo enmarcado dentro de la corriente del cool jazz. Gracias al primer gran single del jazz, ‘Take Five’, el disco vendió un millón de copias.

‘Pasos gigantes’ John Coltrane

Como si
‘Kind of Blue’ hubiera hechizado a Coltrane (1926-1967), dos semanas después de grabar con Davis el saxofonista entró al estudio y en
dos días salió con un álbum que significó un paso de gigante, como indica su título. En este disco se perfila lo que más tarde sería conocido como las sábanas de sonido, y que le liberaría en la improvisación para desconocer los límites temporales. Con su quinto álbum, Coltrane volvía de una desintoxicación de heroína pero con un gran contrato discográfico.

‘Retrato en Jazz’ Bill Evans

Y ocho meses después de ‘
Tipo de azul’, el pianista de Davis entró en el estudio y salió con un álbum que ha influenciado a los principales teclistas actuales.
Un elegante trabajo de trío, junto al contrabajo de Scott LaFaro y la batería de Motian. Evans (1929-1980) rompió las reglas al compartir protagonismo por igual con sus dos músicos.

Abbey es azul Abbey Lincoln

Sucesora de
Billy Holiday pero ahora casi olvidada, lideró con su hermosa y potente voz el movimiento hard bop, que buscaba disminuir la ejecución cerebral del be bop.
Con arreglos más minimalistas que orquestales, Lincoln(1930-2010) entona como si cantara nanas, en emocionales piezas acompañada de un trío de piano, bajo y batería.

‘Mingus Ah Um’ Charles Mingus

En alegre y desenfadado tono, Mingus (1922-1979) juega con las onomatopeyas y desacraliza la ejecución para mezclarla con un ambiente festivo y callejero.
La sombra tribal que envuelve el álbum aún es vanguardia.

‘Qué diferencia hace un día’ Dinah Washington

En contraposición, una de las reinas del jazz graba un álbum clásico, orquestado al estilo de las ‘big bands’, con la versión en inglés de la latinoamericana ‘Cuando vuelva a tu lado’.
La importancia de este álbum está en persistir en medio del tsunami de los metales del jazz. La música arreglada y melódica, sin atrevidos solos que compitieran con su voz áspera y retadora, alzaba la cabeza. Al año siguiente, Washington (1924-1963) ganaría el Grammy con este disco.

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