September 23, 2021

Dinah Washington marcaba la diferencia – Libertad Digital

Algunos héroes de leyenda disputan sus batallas más épicas después de muertos. Algo así sucede con determinados músicos, que marcan nuevos hitos en sus carreras desde la tumba. Seguro que muchos recuerdan, a principios de los noventa, un anuncio de cierta marca de pantalones vaqueros en el que cierto joven recorría los jardines de lujosas casas, para terminar con una zambullida en la piscina al son de un tema llamado “Loco por el chico”. La voz que recorría al espectador como un escalofrío durante aquellos segundos era la de Dinah Washington. Habían pasado casi treinta años desde su fallecimiento, pero en la grabación no se perdía ni un ápice de su poder.

Aquella voz había pertenecido a una niña nacida bajo el nombre de Ruth Lee Jones a mitad de los años veinte en Alabama. Desde su más tierna infancia, Ruth dominaba el arte de interpretar el góspel y, como tantos otros jóvenes talentos de su época, alternó desde su adolescencia la música del Señor con el jazz, mostrando una precoz maestría en cada uno de los diferentes estilos de moda en la época. Y fue en una de las actuaciones en el club Garrick (donde compartía actuaciones con otra “reina del blues” como Billie vacaciones), cuando le llegó la oportunidad de formar parte de una gran orquesta, capitaneada por uno de los más grandes de su tiempo, Lionel Hampton).

Portada de uno de sus discos

A medida que la década de los cuarenta pasaba, y aparecían las primeras muestras de los precedentes del rock and roll, la joven artista comenzó a ser una habitual de las primeras posiciones de las listas de R&B, el verdadero termómetro del éxito para la música de color en una sociedad segregada por aquellos días hasta en el aspecto musical. Para Washington, no había reto ni estilo prohibido a su tremendo rango vocal: el blues, el jazz, o incluso el country (con una versión del “Cold, cold Heart” del mismísimo Hank Williams. Casi en treinta ocasiones alcanzó las primeras posiciones de singles, y alguna de ellas derribó la barrera de las listas generales de ventas. Un éxito arrollador, palpable en temas como “Qué diferencia hace un día” o su versión de “Inolvidable“, que no hizo más que dividir a fans y crítica entre la adoración y el reproche por hacer música más comercial que otros talentos contemporáneos a la artista.

Tampoco era algo que importase a la diva, que siguió alternando géneros con pasmosa facilidad durante sus últimos años. Una carrera que quedaría truncada antes de cumplir los cuarenta, un 14 de diciembre de 1963. Una combinación letal de adelgazantes y pastillas se la llevó mientras dormía, lejos aún de tocar techo en su trayectoria artística. Aunque, como decía aquel libro, “las grandes historias no acaban nunca”, y la mejor prueba de ello era aquel anuncio de vaqueros. Dinah Washington seguía seduciendo a través de su voz, y que dure muchos años más.

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