September 25, 2021

legado del disco que sí importó

Verano de 1991. Kurt Cobain, líder de la banda emergente Nirvana que acaba de grabar su segundo disco -el primero con una multinacional-, llega a su casa y se encuentra sus enseres metidos en cajas en el bordillo de la calle. Acaba de ser desahuciado por retrasarse en el alquiler.

Solo unos meses después, en diciembre, el álbum titulado No importa alcanza la vertiginosa cifra de un millón de copias vendidas solo en EE.UU. Aquel joven inadaptado, que aquella noche de finales de julio había dormido en el coche, se había convertido de repente en una superestrella de la música popular.

El éxito meteórico del segundo trabajo de una semidesconocida banda de Seattle sigue teniendo algo de misterioso e inexplicable

Cómo lograron Cobain y Nirvana ese repentino éxito, uno de los casos más extraordinarios de la historia del pop-rock, es todavía hoy, treinta años después, un auténtico misterio. No es que detrás no tuvieran una industria potente -aunque sin inversiones extraordinarias-, ni tampoco una propuesta distinta u original que lo justifique; pero el nivel de conexión que alcanzó un trío que provenía de una escena alternativa y marginal de Seattle con el gran público estadounidense -y después, mundial- es aún difícil de explicar.

Y todavía dura: considerado el sexto mejor disco de la historia según Rolling Stone, No importa se volvía a colocar en 2017 entre los 200 álbumes más vendidos del momento. Ahora mismo el sencillo Huele a espíritu adolescente cuenta con más de 1.000 millones de escuchas en Spotify.

Imagen de la famosa portada del ‘Nevermind’

Geffen Records

Como sucede en estos casos, desentrañar el mito de la realidad resulta difícil. Ya entonces se escribieron ríos de tinta sobre cómo No importa impactó con fuerza entre los adolescentes de principios de los noventa. El disco, decían, era la banda sonora de una nueva generación perdida, la Generación X. Y algo hay de cierto.

“Había un tipo de autenticidad en lo que Nirvana transmitía con su música que conectó con la rabia a la que no sabían dar forma muchos jóvenes de aquella generación”, subraya David Aceituno, por edad, miembro de aquella generación maldita, y autor de Kurt Cobain: una biografía (Random Comics, 2019). E insiste: “Los riffs de Criar, la línea de bajo de Ven tal como eres, el estribillo de Huele a espíritu adolescente o los gritos de Cobain en Litio sintonizaron con el nihilismo adolescente, y aún lo hacen”.

5 curiosidades de un álbum mítico

1

Kurt Cobain quiso llamar inicialmente el disco ‘Sheep’ (oveja) y usar un campo lleno de autocaravanas como imagen de portada. Sin embargo, la idea se descartó y se optó por ‘Nevermind’, que significaría ‘no importa’ aunque escrito de forma incorrecta.

2

En el proceso de grabación del disco, el productor Butch Vig propuso al cantante doblar su voz, cosa que Cobain rechazaba al considerarlo un artificio. Vig le convenció asegurándole que John Lennon también lo hacía. Y es que, pese a sus orígenes punk, el líder de Nirvana admiraba a los Beatles.

3

El sexto tema del álbum, ‘Polly’, contiene uno de los errores más célebres de la historia del rock. Cobain empieza a cantar ‘Polly said…’ un compás antes de lo que debía. Pese al fallo, la banda decidió mantenerlo.

4

La inclusión de un conserje durante el famoso videoclip de ‘Smells Like Teen Spirit’ es un homenaje de Cobain al trabajo que él mismo, entonces sin blanca, desempeñó en su antiguo instituto.

5

El famoso bebé de la portada es Spencer Elden, hijo de un amigo del fotógrafo. Los padres cobraron 200 dólares por la inclusión del niño. Elden ha recreado hasta dos veces, en 2008 y 2016, la mítica imagen, aunque ambas veces usando bañador.

He aquí el factor diferencial de No importa: un elemento aparentemente mágico que explica un fenómeno a priori inescrutable. Sin embargo, no solo se trató de conexión telepática con el público. También hay razones más mundanas que hicieron posible el milagro. La receta es sencilla: calidad musical y un lanzamiento bien calculado en los medios de comunicación.

Para empezar, está la música. Había una materia prima de excelente factura que, más allá de gustos, pocos críticos discuten: canciones sencillas, pero lejos de los convencionalismos más sobados del pop, y con letras directas y desgarradoras.


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Ramon Súrio

nirvana

Además, antes de No importa, Nirvana ya se diferenciaba del resto de la escena de Seattle por un sonido que combinaba la agresividad del punk, la dureza del rock duro y melodías fáciles de entonar. El disco logró encauzar a la perfección estos tres elementos y servirlos en bandeja de plata a un público de masas. La producción de Butch Vig y posterior remezcla de Andy Wallace tuvieron mucho que ver.

Según asegura el que fue manager de la banda Danny Goldberg en Recordando a Kurt Cobain (Alianza Editorial, 2019), Cobain no se opuso nunca a unas técnicas de grabación más comerciales, aunque luego renegara de ellas. En todo caso, ese sonido contundente pero melódico a la vez no se parecía a casi nada de lo que se escuchaba entonces en las radios más comerciales y explican en parte una irrupción tan súbita.

Más allá de la conexión mágica con los adolescentes de la Generación X, una producción musical medida y la estrategia de promoción explican también el fenómeno

De hecho, la visión de Goldberg es interesante: frente al cliché de un Cobain que rehuía del éxito; el que fue responsable del salto de Nirvana a una gran discográfica insiste en que el grupo y su líder sabían perfectamente lo que querían. Sobre eso, Aceituno añade que puede que no sean visiones excluyentes. “Se deduce por sus escritos y por el testimonio de sus seres cercanos que, por un lado, Cobain era ambicioso y quería fama, pero, por otro, el éxito que obtuvo no era precisamente el que deseaba. Es probable que su posición de antihéroe fuera una estrategia, pero eso no implica que no terminara convirtiéndose en un antihéroe de verdad”, mantiene.

Probablemente, Cobain luchó por tener éxito pero nunca se esperara vender 300.000 copias a la semana como acabaría ocurriendo en enero de 1992, cuando desbancaron a nada menos que Peligroso, del rey del pop Michael Jackson, de las listas de los discos más vendidos. Nacía el mito: la música de los inadaptados, de los rarezas, podía llegar a todo el mundo.

El videoclip de 'Smells Like Teen Spirit', con un desquiciado Kurt Cobain al frente, jugó un papel clave en el impacto del disco

El videoclip de ‘Smells Like Teen Spirit’, con un desquiciado Kurt Cobain al frente, jugó un papel clave en el impacto del disco

La Vanguardia

De hecho, Goldberg señala que algo estaba cambiando ya en aquellos principios de los 90. Las nuevas generaciones empezaban a aborrecer los grandes artistas pop y algunos tuvieron el olfato para aprovecharlo y buscar alternativas. Por lo tanto, más allá de la magia de Cobain (y los elementos musicales), también hubo marketing.

Sin grandes inversiones, los responsables de DGC, filial de la poderosa discográfica Geffen, supieron colar el impactante Huele a espíritu adolescente en las radios de rock, metal y pop de todo el país, lo que era una osadía en un momento de gran fragmentación del público. Pero en todas las emisoras logró atraer cada vez a más devotos. El éxito del álbum es indisociable del impacto de su estruendoso sencillo.

Y, por supuesto, aún tuvo más que ver el famoso videoclip de la canción, cuya continua emisión nocturna en la MTV acabó de engrosar las listas de fans de la noche a la mañana. Clip de presupuesto bajo, la idea fue del propio Kurt Cobain, quien impuso al director, Sam Bayer, la inclusión del plano final en el que líder de la banda vocifera “¡Una negación!” pegado a la cámara. Imposible saber cuanto contribuyó a captar adolescentes desorientados esa desquiciada proclama nihilista que cierra la canción.

El desembarco del ‘grunge’

1991 es uno de esos años que quedan marcados en la historia de la música popular de masas. La explosión de Nirvana trajo un nuevo género para el gran público. Aparecieron otros dos grandes álbumes bajo esa misma etiqueta: ‘Ten’, de Pearl Jam y ‘Badmotorfinger’, de Soundgarden. Puede sonar injusto pero ambas bandas, surgidas de la prolífica escena de Seattle, deben su éxito al tirón inexplicable del ‘Nevermind’.

Pero, hubo vida más allá del ‘grunge’. Otros grandes discos del momento fueron ‘Blood Sugar Sex Magik’ de Red Hot Chili Peppers, el ‘Black Album’ de Metallica, ‘Out of Time’, de R.E.M. o ‘Blue Lines’ de Massive Attack. Aunque de géneros distintos, todos estos discos tienen algo en común: surgían de corrientes alternativos y desembarcaban en la música comercial con fuerza. Se abrían paso unos sonidos distintos y agresivos para una nueva generación.

La herencia en 2021

Pasados treinta años, el periodo en el que se suele fijar que dura una generación; ¿qué queda de Huele a espíritu adolescente, del No importa, de Nirvana y de Kurt Cobain, más allá del mito generacional? ¿La mayor irrupción del pop-rock y uno de los mejores álbumes de la historia han dejado realmente poso?

Si uno repasa las tendencias más populares de hoy en día, diríase que no tanto. Ni la música ni la estética grunge parecen estar muy en boga, aunque eso podría incluso ampliarse a todo el universo rock. Además, es lícito preguntarse si un éxito repentino de similares características sería posible en 2021.

ALEMANIA - 12 DE NOVIEMBRE: Foto de NIRVANA;  De izquierda a derecha: Dave Grohl, Kurt Coabin, Krist Novoselic - posados, foto de grupo (Foto de Paul Bergen / Redferns)

ALEMANIA – 12 DE NOVIEMBRE: Foto de NIRVANA; De izquierda a derecha: Dave Grohl, Kurt Coabin, Krist Novoselic – posados, foto de grupo (Foto de Paul Bergen / Redferns)

Otras Fuentes

Sin embargo, la cultura popular no deja de ser como capas geológicas que se van sobreponiendo y la influencia de Nirvana y, en particular, del No importa, sigue inspirando en todo tipo de disciplinas. Es el caso del escritor Miguel Aguerralde, prolífico autor que no dudó en recurrir al universo de Cobain y los suyos para novelar, claro, la confusión de la etapa adolescente en La chica que oía canciones de Kurt Cobain (Siete islas, 2016).

Aguerralde, que también vivió como joven el auge del No importa, tiene claro el porqué de su inspiración: “Nirvana y, en general el grunge, destacan por un sonido brusco, casi rabioso y a veces confuso”. A su juicio, las “distorsiones altas” y “melodías sencillas” se alternan con otras canciones de “tiempo lento, oscuras y melancólicas”. “Rabia, tristeza, de repente bullicio y alegría… ¿Eso no es la adolescencia?”, proclama.

Sonido brusco, rabioso, confuso, oscuro…¿No es eso la adolescencia?



Miguel AguerraldeEscritor

Pero el universo grunge no es solo campo para nostálgicos y sigue influyendo entre los que no lo vivieron. Kobbe, baterista de la emergente banda indie madrileña Niña Polaca, cuenta su devoción por Nirvana más allá del icono pop. Nacida el mismo año que Kurt Cobain se suicidó, está casi segura de que su primera experiencia con la banda de Seattle fue precisamente el clip de Huele a espíritu adolescente y ve en el grunge una gran influencia en su día a día musical, especialmente “al ver como aporrean los instrumentos con esa energía desgarradora y pegadiza”.

Nevermind impacta, añade Kobbe, por el contraste entre “la fuerza y esas melodías tan pegadizas” que son “pop, a la vez con una actitud anti-pop”. Y es que el grunge representa, concluye, “la parte de cada uno en la que quiere gritar sin importarle nada”. Exacto, no importa.

Del disco, me alucinan la fuerza, esas melodías tan pegadizas y, de alguna manera, pop, pero con una actitud anti-pop



KobbeBaterista de la banda Niña Polaca