September 26, 2021

Relatos que animan el oasis jarrero

Gran parte de los relatos incluidos en el libro revelan la especial relación que Emilio Rodríguez, en la imagen sobre las cimas de la Demanda, mantiene con la naturaleza. / CE

Emilio Rodríguez saca a la venta en Santo Domingo y Aro el libro que reúne sus primeros ‘Cincuenta cuentos estivales’

En plena vorágine del verano, después de la cascada de cuentos que se precipitan desde todos los púlpitos políticos echando pestes de un lado para otro y sobre calentando un planeta que empieza a convertirse en horno, se echan de menos esos otros cuentos, los de verdad, que animan a pensar que entre plano y plano hay un universo plagado de matices, de metáforas, de sueños y ocurrencias, y que las letras no nacieron, como parece interpretarse cuando se sacan del contexto de la comunicación, para enfrentar a quienes les dan vida sino para generar espacios de encuentro entre quienes las comparten.

En ese escenario, dominado por un clima subsahariano que amenaza con consumir por desecación todas las ideas, es donde aflora como oasis el libro de Emilio Rodríguez, ‘Cincuenta cuentos estivales’, que arraiga en algunos de sus episodios con la geografía y el paisaje riojalteños, y a temas con esencia de una tierra de vinos en la que cobra más fuerza el mito, que ya está a la venta en las librerías de Santo Domingo de la Calzada y Haro.

Refrescado con las ilustraciones de Rubén Bravo y editado por Círculo Rojo, el recorrido por el medio centenar de relatos cortos que componen la estructura profunda del volumen habla de los héroes que, de niños, siempre han formado parte de nuestro universo y que sólo la rutina del día a día ha dejado aparcados en un rincón donde habita el pálpito más sublime del corazón humano.

¿Quién no recuerda la estampa del espantapájaros que en su creación parece más nostálgico de como siempre se le construía, de la atrayente figura de la cigüeña que montaba guardia impertérrita en la torre, del influjo que provocaba la tibia luz de las farolas en las noches de años atrás que parecían más cerradas, del castillo que seguía demostrando debilidad al mazazo del paso del tiempo pero seguía empujándonos a imaginar miles de leyendas en el interior de sus paños, la pasión que despertaba asomarse a las fincas dominadas por ejércitos de girasoles firme y ordenados, la magia que desprendían los festivales de música antigua con los que se acompasaba el ocaso de la comarca cuando llegaba el estío con mano de hierro que acariciaba el viento del norte ya de tarde, o la necesidad que inducía a fijar la mirada en el horizonte sin pestañear siquiera, como si detrás se escondiese el futuro mejor imaginado y definido?

De todo eso y de mucho más habla (escribe y cuenta, en realidad) Emilio Rodríguez que alude a «la casualidad» como fuente de origen e inspiración de un trabajo que comenzó a fraguarse tras la amistad labrada con Rubén Bravo cuando se topó con él en el Camino de Santiago. Le bastó, recuerda, con seguir su activo tránsito por las redes de la misma manera que acompasó, camino de Compostela, su paso junto a él. Y con cada una de las frases que leyó al creador plástico, construyó una historia que quién sabe si no llegaron a suceder en algún momento sin que nadie haya acertado aún a constatarlo.

«Así surgió la chispa», reconoce el autor de esta nueva edición. «Prendió en mi cabeza el afán de juntar letras y darle forma, de manera breve, casi siempre con un toque poético y fantasioso, a experiencias, ideas y pensamientos personales» que, reconoce abiertamente en el prólogo de su trabajo, «para mí han significado un pequeño reto y, a la par, un cierto orgullo conseguir realizarlos», dejando en última instancia que «algunos pocos amigos y conocidos los fuesen leyendo» para ir disfrutando con ellos.

«Personalmente, algunos me merecen más aprecio que otros, obviamente. Pero yo los esparzo todos sin orden ni concierto definido para que cada cual los vaya leyendo, si le apetece, y saque sus propias conclusiones. Si los hice por el simple placer de escribir», se redime de antemano y en primera persona el escritor, «el otro será que alguien se divierta leyéndolos. Eso ya sería suficiente. ¿Para qué más?».

Pues eso. Pueden ponerse a la faena. Estos cuentos son de los que ayudan a cerrar filas, más que a abrir brecha. Lean si no… «Dormido sueñas escenas irreales la mayoría de las veces, incomprensibles en su mayor parte, porque mezclan el tiempo, el espacio y los personajes. Despierto sueñas con realidades que te gustaría alcanzar y, bien porque no puedes o no te atreves a realizarlas, recurres a ensoñaciones con los ojos abiertos y el corazón alegre mientras te recreas en ellas».

«Las dos maneras de soñar juegan con la fantasía, mientras el cuerpo, estacionado o moviéndose en alguna parte, es indiferente al lugar por donde discurre la mente, que vaga por el mundo de los sueños. Y yo, que soy un soñador, prefiero soñar despierto y que algo de lo que sueño se convierta en realidad».

Es el primero de los cincuenta capítulos que encierra como oro en paño entre sus 203 páginas. Y un buen arranque para dar con ellos y refrescar el oasis de Haro.

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