September 23, 2021

La gira que tuvo que cancelar Kiss en Argentina por una amenaza de bomba

Este fin de semana se estrenará “Kisstory”, un documental biográfico hecho por Urgencias que repasa los casi 50 años de recorrido de esta mítica banda de Roca formada en Nueva York en 1973 y que se prepara para finalmente comenzar una gira de despedida, según anuncia.

Y en ese contexto, visitará la Argentina el año que viene (el show originalmente iba a ser en mayo de 2020 pero sufrió reprogramaciones por la pandemia), cuando el 23 de abril se presente en el porteño Campo Argentino de Polo.

Esta será la séptima vez que tocará en el país. La primera fue en 1994, en el Monster of Rock. Sin embargo, y seguramente no esté en el documental, hubo otros intentos fallidos anteriores, en especial a comienzos de los 80, cuando llegaron a confirmarse tres fechas en la cancha de Boca, con una enorme cantidad de entradas vendidas, y una inesperada amenaza de “volar la Bombonera” por parte de un grupo comando que se presentó como “Comando 2 de abril” y terminó haciendo recular a los músicos, quienes decidieron cancelar los shows.

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La historia empieza mayo de 1983, cuando Chris Lendt -que ya era el nuevo manager de Beso- viajó a la Argentina para reunirse con una productora local, Demorcs Producciones, que estaba interesada en traer a la banda neoyorquina. Las negociaciones no fueron fáciles, entre otras cosas porque había un par de antecedentes no muy lejanos (1981) que jugaban en contra de cualquier intento de contratar al que era uno de los conjuntos de rock más populares del mundo.

El primero fue a comienzos de aquel año, cuando un par de “empresarios” argentinos volvieron de los Estados Unidos con un contrato de palabra con Kiss. Si bien faltaba la rúbrica y eso se daría en los meses siguientes tras resolver algunos “detalles”, estaba acordado que serían varios conciertos en la Argentina. Incluso, lanzaron una campaña publicitaria anunciando la llegada de la banda de rock para septiembre. La efervescencia popular fue inmediata, porque el fanatismo que generaba Kiss en el mundo, también lo tenía en nuestro país.

Sin embargo, todo quedó en la nada. En marzo, el entonces presidente de facto, Jorge Rafael Videla, fue reemplazado por otro general del Ejército, Roberto Viola, y el ministro de economía, José Alfredo Martínez de Hoz, le dejó su cargo a Lorenzo Sigaut. En realidad, le dejó su cargo, le dejó una deuda externa de 40.000 millones de dólares, le dejó una monstruosa devaluación de la moneda argentina… En fin, le dejó el país patas para arriba.

Por entonces, no sólo hubo fuga de capitales sino también de “empresarios”, porque aquellos dos “audaces” que habían anunciado la llegada de Kiss, se evaporaron. Y con ellos la supuesta posibilidad de ver al grupo en la Argentina. Mucha mejor suerte había tenido Queen, otro pez gordo del rock internacional de ese momento, que dio cinco recitales en poco más de una semana -el primero, el 28 de febrero del 81-, cuando el desastre económico detonaba. Pero las entradas ya estaban vendidas y los dólares asegurados desde unos meses antes. Aquella fue la única visita a la Argentina de los ingleses con Freddie Mercury.

La búsqueda de traer a Kiss en aquellos tiempos siguió. De hecho, otro empresario argentino se comunicó con Bill Aucoin, mentor de la banda y manager original (reemplazado por Lendt en 1982) y le ofreció un millón de dólares por una serie de conciertos en Buenos Aires, en Mar del Plata, y también, aprovechando la cercanía, en Brasil (las sedes serían Río de Janeiro y San Pablo). Incluso, en la fantasía organizativa estaba que al menos un show en cada uno de los países fuese televisado en directo. Hubo un cónclave en Nueva York y, de hecho, la banda recibió un depósito en concepto de adelanto de 100.000.

Pero la pérdida de valor del peso nacional con respecto al dólar dejó sin sponsoreo al empresario argentino, porque los privados que iban a apoyar ese sueño con sus dólares, los guardaron en las cajas fuertes -en el mejor de los casos- o se los llevaron fuera del país. En tanto, a Kiss, que no imaginaba que esta suerte de ruleta rusa económica trabaría su gira sudamericana, lo que más le preocupaba era la logística de los shows, en especial el sonido de los recitales que serían transmitidos por TV en directo. A la banda no le causaba gracia que una mala consola o decisiones equivocadas de quien la controlaría, opacaran el espectáculo e hicieran del potente sonido de Kiss, algo olvidable. De todas maneras, la expectativa tampoco duró mucho más tiempo, porque enseguida se supo que la plata para bancar todo nunca aparecería, por lo que era el segundo intento de traer a los carapintadas del rock a la Argentina que terminaba en fracaso a pesar de que, al igual que la vez anterior, se había anunciado que los primeros shows serían en enero de 1982. Es más, hasta tenían fecha: 7, 8 y 9. Nunca se concretaron.

Ese año, igualmente, no fue precisamente apto para intentar la llegada de cualquier banda de rock de habla inglesa. La guerra de las Malvinas marcó fuerte a la sociedad y los militares aprovecharon la situación para establecer una línea imaginaria que dividiera las cosas entre “ellos” y “nosotros”. Así fue como, entre otras medidas, prohibieron en las radios y en la TV que se pasase música en ese idioma. Con esta decisión, creció fuerte el rock nacional que, a veces en clave y otras no tanto, no se mostraba condescendiente con el gobierno de facto. Pero, al menos, no era cantado en inglés…

Por eso aquella propuesta a Chris Lendt llegó recién en 1983, cuando Argentina todavía estaba gobernada por los militares (el presidente era Reynaldo Bignone) pero en un franco proceso de democratización. Ya los partidos políticos estaban activos y preparándose para que el país volviera a elegir a su Jefe de Estado el 30 de octubre. Y un par de meses antes, los que convocarían masas serían también los músicos estadounidenses, porque Kiss tocaría en la cancha de Boca. Nuevamente con tres fechas confirmadas: 19, 20 y 21 de agosto. Y al igual que se había intentado hacer anteriormente, la gira sería sudamericana e incluiría a Brasil. La diferencia fue que los shows en el Maracaná de Río esta vez no se suspendieron. En cambio los de la Bombonera, sí.

Para variar, había inconvenientes financieros como para resolver la cuestión. Aun así, Kiss fue avanzando y aceptando algunas pautas dentro de la negociación. Curtidos por lo que había pasado anteriormente, el conflicto se planteaba en que el grupo quería cobrar 330 mil dólares por sus espectáculos, lo que en un principio pareció mucho hasta que finalmente la organización argentina aceptó, aunque con una condición: el dinero sería depositado más adelante y no en el momento del arreglo entre partes. Lógicamente, los (malos) antecedentes volvieron a aparecer en escena y a Lendt no le cerraba esa condición. Sin embargo, dio el okey. La gira sería patrocinada por Ford, lo que representaba un aval importante, y en junio llegó desde Nueva York hasta las oficinas de la organizadora del evento, Demorcs Producciones, un fax de aceptación de las condiciones, una suerte de precontrato.

Y con ese guiño de Kiss, a pesar de que no había nada firmado, arrancó una fuerte campaña publicitaria y más: se pusieron en venta las entradas para los conciertos en la cancha de Boca. El furor fue total y los fanáticos se volcaron en masa a las boleterías y puntos de venta. Eran tiempos en los que no había opción electrónica ni telefónica, todo era análogo. Por lo tanto, quien deseaba ver a Kiss debía ir, hacer la cola y conseguir su boleto. Y así lo fue. El problema radicó en que no todos los argentinos eran fanáticos del rock ni de Kiss y de ningún modo querían a la banda tocando en la Argentina. Y fueron a la carga.

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Porque cuando muchos pensaron que ya no habría nada que despertara al público de su sueño de ver a Gene Simmons, con su disfraz de murciélago y sacando su mítica lengua, surgió un comando que amenazó con poner una bomba en la cancha de Boca si se llevaban a cabo estos shows. El nombre de este grupo era “2 de abril” y estaba claro que la movida tenía que ver con aquella línea divisoria invisible entre “ellos” y “nosotros” que los militares habían marcado a fuego en la sociedad y que seguía vigente. Los Kiss -que, vale la aclaración, ni siquiera eran ingleses- fueron acusados de “salvajes y depravados”. Y según el comunicado de este comando, rechazaban la presencia de la banda de rock por considerar a sus integrantes como “drogadictos, degenerados y homosexuales”. Además, un grupo de ex combatientes de Malvinas repudió la presencia de Kiss porque no realizaba “ningún aporte a la cultura del país”.

La noticia fue publicada en los diarios el 25 de julio, o sea poco menos de un mes antes de los conciertos, cuya venta de entradas continuaba firme. La posibilidad de que alguien pudiese volar la Bombonera puso bajo amenaza a todos: músicos, organizadores, espectadores y directivos de Boca. Desde la productora local, enviaron un fax a Estados Unidos para garantizar que se montaría un operativo de seguridad a la altura de las circunstancias. Y se realizó una conferencia de prensa de la que participaron los organizadores, Pappo y los integrantes de Riff –que iban a ser la banda soporte-, Pablo Abbatángelo -secretario de Boca- y hasta algunos ex combatientes. El objetivo era que llegase a los oídos de Kiss la tranquilidad de que todo estaba bien.

Sin embargo, todo estuvo mal. Lendt se reunió con los integrantes de la banda y decidieron que no querían arriesgar sus vidas yendo a la Argentina. A las dudas financieras, organizativas y logísticas que aún persistían, se les sumó el temor por esta impensada amenaza. Y el 9 de agosto, finalmente, Kiss formalizó en un fax enviado a la productora Demorcs y también a Polygram (la discográfica que distribuía en la Argentina los discos de Kiss) que no tocarían en el país. Sin embargo, en la explicación evitaron la amenaza. “Debido a problemas técnicos, se cancelan los conciertos de Kiss para el 19, 20 y 21 de agosto en Buenos Aires en el estadio de Boca. La empresa Demorcs y el club han sido advertidos de esto. Kiss indica que se devuelva inmediatamente todo el dinero que se recaudó a cada persona que haya comprado una entrada para los shows”.

Insólitamente, un par de días después de llegado ese fax, y a pesar de la cancelación confirmada por Kiss, las entradas se seguían vendiendo bajo la falsa promesa de que los espectáculos se harían en septiembre. Y mucha gente, ingenuamente, las siguió comprando, sin saber que estaba comprando un boleto fantasma. Su banda de rock favorita no llegaría hasta muchos años después y muy pocos pudieron recuperar aquellos pesos invertidos en su entrada.