September 26, 2021

7 lugares para visitar (y escuchar) que inspiraron grandes canciones

Hay lugares que de inmediato nos trasladan a recuerdos, vivencias y experiencias inolvidables. Al fin y al cabo, la concepción de lugar está unida a un marcado carácter romántico; no necesariamente el romanticismo de los enamorados, sino el de los poetas y músicos, aquel que habla, entre otros asuntos, sobre la nostalgia por los tiempos felices o las ansias de querer escapar en cuerpo y alma a un enclave conocido o desconocido. Todo lo que nos pasa, con su respectiva carga emocional, depende de una ubicación geográfica, y esta es la que posteriormente nos retrotrae a esos momentos efímeros pero imborrables de la memoria.

Así, bajo este proceso, ocurren la mayoría de las experiencias estéticas que dan luego paso a la creación artística. Un autor escoge un enclave que es importante para él y, de forma mágica, emplea los recursos de los que dispone para intentar trasladarnos a él aunque no estemos efectivamente allí. Pero, de hecho, en ocasiones la experiencia de ver una película, leer un libro o escuchar una canción con la suficiente atención que requiere puede impregnarnos de la sensación que el creador sintió en el momento en que dio a luz a su obra, es decir, en el lugar en el que pensaba o estaba justo en el momento en el que surgió el boceto de lo que luego daría a luz.

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FS

Hoy queremos hacer un recorrido por todos esos enclaves que, desde el día en que fueron llevados al pentagrama y al estudio de grabación, quedaron inmortalizados para siempre en sus oyentes. Lugares a los que escapar cada vez que nos ponemos los auriculares o cerramos los ojos antes de dormir con nuestra canción favorita. Lugares en los que puede que ya hayamos estado y nos resulten familiares cada vez que damos al ‘play’. Lugares con los que hemos soñado más de una vez y a los que viajamos recurrentemente en la piel de un cantante, un ‘crooner’, una banda de rock o unos chicos de barrio con una guitarra. A continuación, recorreremos cada uno de ellos, tanto internacionales como nacionales, cercanos o remotos, para asomarnos a las historias que allí acontecieron.

La Finca de Santa Isabel (Almería)

No hace falta irse muy lejos para estar en un lugar que dio a luz a una de las grandes obras musicales de la historia de la humanidad. Allá por el año 1966, en una finca andaluza de la provincia de Almería, un tipo llamado John Lennon (“más conocido que Jesucristo”) tomaba un parón en su agitada vida de estrella para grabar una película en tierras españolas. Dicho filme era ‘Cómo gané la guerra’, de Richard Lester. A sus 26 años y con la sospecha de una hipotética ruptura de The Beatles en el futuro próximo, se hospedó en una humilde finca almeriense con su novia de entonces, Cynthia Powell (con quien tampoco iba a durar mucho más tiempo) y su inseparable amigo, Ringo Starr, batería de la banda.

La Casa del Cine de Almería, hogar en el que se hospedó Lennon. (Andalucía Exclusiva)

Allí compuso una de sus mejores canciones con The Beatles: “Strawberry Fields Forever”, incluida en el disco ‘Sargento. Peppers Lonely Heart’s Club Band ‘ (1967). Aburrido y nostálgico por su infancia en los suburbios de Liverpool, compuso esta pieza psicodélica y extraordinaria con ayuda de su guitarra, alentado por los ruidos que escuchaba todas las mañanas y que le recordaban a otros tiempos en los que era solo un crío anónimo que se dedicaba a hacer trastadas. Como una matrioska rusa, aquí tenemos el ejemplo manifiesto de lo que supone habitar un lugar y trasladar su esencia a una canción: un vaso comunicante imaginario entre Liverpool y Almería que transmite un estribillo fugaz y alucinado por las drogas: “vivir es fácil si lo haces con los ojos cerrados / confundes todo lo que ves”.

La Avenida Lexington con la Calle 125 (Nueva York)

“Todo en la canción es cierto, salvo el precio”. Así hablaba de “I’m Waiting for the Man” su creador, el neoyorkino Lou Reed, a la revista ‘Rolling Stone’ cuando le preguntaron si realmente existía tal anécdota narrada en el tema, en la cual un joven (el propio autor) sale de su casa para pillar heroína. “Él nunca llega pronto, siempre llega tarde / lo primero que debes aprender es que hay que esperar”, asegura unos versos más tarde. Incluida en el que quizás sea el álbum más influyente del rock, ‘The Velvet Underground & Nico’, apadrinado por Warhol con su famosa portada del plátano.

No fue la única ni la última ocasión en la que Lou Reed hacía una mención explícita a Nueva York; y obviamente tampoco al consumo de drogas. En realidad, la propia ciudad emerge como protagonista principal y personificada de sus letras. Tal vez el álbum posterior que más retrata la evolución de esa Nueva York sucia y decadente a lo largo de la última mitad del siglo XX sea el que lleva su mismo nombre: “New York” (1989). Lo cierto es que si buscamos cualquier canción de su discografía seguramente nos topemos con referencias concretas a calles, bares y personajes que no solo tienen en común una vida caracterizada por la sordidez (como retrata la inmortal “Walk On The Wild Side”, sino el hecho de estar atrapados en una metrópolis gigantesca, el centro del mundo occidental.

Castillo de Dunluce (Irlanda)

Se trata de uno de los paisajes más asombrosos de las islas británicas. En Irlanda del Norte, una enorme fortificación, digna de series como ‘Juego de Tronos’ (de hecho, se usó para recrear el castillo de Pyke, de los Greyjoy), se yergue contra el paso del tiempo: el castillo de Dunluce representa visualmente todo lo que quisieron transmitir con música Led Zeppelin en su disco ‘Houses of the Holy’ (1973), en el que se incluyen canciones tan flamígeras como “D’yer Mak’er” o “The Song Remains The Same”. Podemos intuir la influencia que tuvo el paisaje a raíz de títulos y letras que recurren a elementos naturales de este enclave mágico y que seguramente causó una enorme impresión en Robert Plant, Jimmy Page y compañía. Solo con verlo en imágenes ya transmite la sensación de un lugar atravesado por la antigüedad y el misticismo, ideal para una banda de rock cuyos creadores (sobre todo Page) estaban obsesionados con el ocultismo y la hechicería.

Foto: iStock.

El castillo fue construido por Richard Óg de Burgh, segundo conde de Ulster, en el siglo XII. Sin duda, se trata de uno de los emblemas arquitectónicos de la nación irlandesa, pues Led Zeppelin no son los únicos que han trazado referencias en torno a esta imponente construcción. El virtuoso de la guitarra y miembro de Thin Lizzy, Gary Moore, tiene una canción en su álbum compuso una pieza instrumental que lleva su nombre para su disco ‘After the War’ (1989).

Kentucky Avenue (Los Ángeles)

Podíamos haber escogido cualquiera de Sinatra, pero como ya hemos hablado de su “¡New York! ¡New York!”, viraremos la mirada hacia la otra gran metrópolis estadounidense, situada en la costa este: Los Angeles. En este caso, es Tom espera el artista de quien vamos a hablar y su preciosa “Kentucky Avenue”. Como un oasis en mitad de los gritos y gorjeos alcohólicos de este ‘crooner’ californiano nacido en 1949, se presenta esta balada tan bonita en la letra como en su interpretación vocal que despierta a los fantasmas de Louis Amstrong y de John Lee Hooker, enterrados en su cuerpo flaco de un chico blanco de Los Angeles sentado al piano.

Presente en ‘Blue Valentine’ (1978), Waits repasa alguno de los momentos más vívidos de su infancia. Como él mismo declaró, de pequeño recorría esta calle de la enorme metrópoli (que en realidad puede pertenecer a cualquier ciudad de Estados Unidos), recogiendo colillas de cigarrillos del suelo y repartiendo periódicos para ganarse unos cuántos dólares. Lo más emocionante llega al final, cuando presenta a uno de sus amigos de por aquel entonces, un niño que vivía próximo a su casa y que sufría el virus de la polio.

La Plaza Real (Barcelona)

“La Plaza de las Palmeras es el centro de la Tierra / en la plaza siempre hay vida / día, noche, noche y día”. Así comienza “La Plaza de las Palmeras”, de Jarabe de Palo, en honor a uno de los enclaves más populares y emblemáticos de Barcelona. La Plaza Real, ubicada entre las Ramblas y el Barrio Gótico, destaca frente al resto por su forma trapezoidal y por ser una plaza cerrada. Aunque comenzó a construirse en 1848 en honor a Fernando VII, no fue hasta los años 80 cuando se le añadieron las míticas palmeras de las que habla Pau Donés en la canción.

La Plaza Real de Barcelona. (IStock)

Incluida en su álbum ‘Depende’ (1998), es una canción sobre la ciudad condal que, como tantas otras, habla del ambiente popular que se respira, plagado de bohemios, “pobres, ricos y morenos, vendedores ambulantes, putas, listos y pendejos”. Aunque no es el tema más conocido de la banda, el espíritu vitalista que atraviesa la canción sirve para plasmar la optimista personalidad de su compositor, que desgraciadamente nos dejó el año pasado a causa del cáncer.

El Túnel de las Delicias (Valladolid)

Esta es la única canción de la lista que no tiene letra ni habla explícitamente de ningún lugar; pero a veces sobran las palabras para plasmar aquello que quieres representar mediante la música. “El Túnel de Las Delicias” habla de la construcción subterránea, peatonal a un lado y de asfalto al otro, para sortear las vías del tren que pasan por arriba y que une la Avenida Segovia con el Paseo de Labradores, véase el barrio obrero de Las Delicias con el casco histórico de Valladolid.

El Túnel de las Delicias de Valladolid a comienzos de 2020. (Wikiwand)

Su melodía no tiene nada de castellano, como muchos podrían pensar al tratarse de Celtas Cortos, pero sin duda traslada al oyente la cantidad de sensaciones que una persona cualquiera puede experimentar al cruzar día tras día este túnel en su vida cotidiana, ya sea para trabajar o para encontrarse con alguien al otro lado de la capital castellana. No en vano es uno de los símbolos más icónicos de Valladolid que, a pesar de no ser un castillo impresionante (como alguno de los que ya hemos visto) o no tener el mínimo interés turístico, es uno de los grandes emblemas urbanos de esta ciudad desconocida para muchos.

La Plaza de la Soledad (Gijón)

El propio autor da las indicaciones nada más arrancar la canción sobre cómo llegar a este sitio oculto en el laberíntico barrio de Cimadevilla, en Gijón: “A llegar al puerto subes por el barrio pescador / dejas a tu izquierda aguas sucias bajo el sol / y sobre tu cabeza chillan, dando vueltas, gaviotas que te guiarán / solo avanza un poco más, y quizá me oigas cantar”. Nacho Vegas es uno de los artistas españoles que más han radiografiado el entorno de su tierra natal, Asturias. En concreto, para “La Plaza de la Soledad”, escogió este lugar de paso que, turísticamente hablando, no tiene nada de especial.

De hecho, a lo largo de todo su repertorio nos damos de bruces con personajes y situaciones que bien podrían formar parte de una gran novela realista (sobre todo del realismo sucio al más puro estilo Carver) que toma de enclave esta ciudad de la costa cantábrica. Temas como “La Vida Manca”, el cual hace referencia a otro mítico bar de Gijón, La Vida Alegre, o “Cuando te canses de mí” (“desde La Lloca hasta el Musel…”) Siempre es una delicia sumergirse en cada uno de sus discos y sus historias en las que siempre llueve y se respira aire norteño.