September 22, 2021

Muere George Wein, impulsor de los festivales al aire libre | Cultura

George Wein, en 1970.David Redfern / Redferns

George Wein, músico y organizador de conciertos, falleció el lunes 13 de septiembre en su domicilio de Nueva York, a los 95 años. Wein fundó el Newport Jazz Festival en 1954, que luego replicó en diferentes latitudes. En compañía de Pete Seeger montó el Newport Folk Festival, culturalmente también muy relevante, pero más intermitente.

Pertenecía a una generación marcada por su participación en la Segunda Guerra Mundial. Nacido en 1925, en una próspera familia judía de Massachusetts, Wein demostró su independencia a la hora de aprovechar las ventajas reservadas a los soldados licenciados: mientras estudiaba, actuaba como pianista de jazz; en 1950 abrió un club en Boston, Storyville, con un sello discográfico del mismo nombre. Tal vez se hubiera quedado en un digno promotor local de no coincidir con una pareja de millonarios melómanos que se aburrían durante sus veraneos en la población costera de Newport, en Rhode Island. Wein, que conocía los eventos de música clásica celebrados entre las colinas de Tanglewood, les propuso organizar un festival de jazz al aire libre. Gran audacia: téngase en cuenta que en Newport todavía regía la segregación racial en hoteles y restaurantes.

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Aunque Wein luego rompería con sus mecenas, la idea despegó. Newport estaba relativamente cerca (300 kilómetros) de Nueva York y el promotor tuvo la habilidad de contratar a primeras figuras que apreciaban la oportunidad de tocar en un escenario grande bajo las estrellas, sin las limitaciones de los locales nocturnos habituales. Por allí pasaron Billie Holiday, Dizzy Gillespie, Duke Ellington, Miles Davis, Thelonious Monk, Ella Fitzgerald y así. El contraste entre los músicos y el público de Newport quedó levemente reflejado en Alta sociedad, una película de la época, con Frank Sinatra, Grace Kelly, Bing Crosby y Louis Armstrong.

En la realidad, Wein evitaba el jazz libre y modulaba la oferta para no asustar a los espectadores. Se ganó la enemistad del irascible Charles Mingus, que intentó contraprogramar con un festival más radical y libre de publicidad corporativa. Wein, sin embargo, contaba con la simpatía de la plana mayor del jazz, que sabía que estaba casado con una afroamericana muy culta, Joyce Alexander. También tenía el corazón a la izquierda: se alió con alguien que figuraba en muchas listas negras, Pete Seeger, para desarrollar el Newport Folk Festival, rebosante de mensajes claramente antirracistas.

En general, Wein demostraba tolerancia al rellenar sus carteles, como quedó inmortalizado en el documental Jazz en un día de verano: en 1958 contó con Chuck Berry, un nombre nada obvio entonces para aficionados al jazz. También se arriesgó a llevar a Bob Dylan con banda eléctrica al Folk Festival de 1965, en este caso sin resultado feliz: ese día el respetable decidió abuchear al hereje. Según avanzaban los sesenta, con el mercado del jazz en crisis, Wein se fue abriendo al rock y al alma; Newport se llenó de un público masivo y levantisco. Tras unos alborotos en 1971, el festival dejó de celebrarse.

En ese momento, Newport podría haber quedado para la historia simplemente como el antecesor de Monterrey, Woodstock o la Isla de Wight. Pero Wein no se rindió. Trasladó el concepto a la ciudad de Nueva York, con conciertos en recintos cerrados, y a Saratoga Springs, igualmente en el Estado de Nueva York. También aceptó cambiar el nombre por el de patrocinadores como los cigarrillos Kool o la empresa de electrónica JVC. Su saber como ayudó a consolidar otras iniciativas, como el Jazz and Heritage Festival, en Nueva Orleans, o el Playboy Jazz Festival, en Los Ángeles. Fue requerido igualmente desde Francia, Alemania, Japón y otros países.

En 1981, el Newport Jazz Festival volvió a su localidad de origen: las autoridades ya no le hacían ascos al turismo musical y Wein quería consolidar la legitimidad de su marca registrada. Para entonces se imponía su modelo de festival de jazz, con programas eclécticos que admitían a cantautores, rock adulto y música del mundo. Defendió sus decisiones en una espléndida autobiografía, Yo mismo entre otros.

Paralelamente a su actividad como promotor, Wein siguió grabando y actuando, tocando y cantando con desparpajo. Editó discos en sellos de prestigio, como Atlantic o Impulse!, a veces con el respaldo de una dinámica agrupación denominada Newport All-Stars. Allí no hacía concesiones: se movía entre el columpio y el dixieland.