October 18, 2021

The Go-Go’s: primer grupo de chicas en llegar al nº1, enésimo en adicciones y pelearse por royalties

VALÈNCIA. Hablábamos recientemente de la adversidad a la que se enfrentaron las Runaways a finales de los setenta por ser un grupo solo de chicas y de cómo la crítica especializada recibió los esfuerzos en solitario de Joan Jett calificándola de “puta”, “perra” o “guarra”. Era un documental de 2018 y el año pasado apareció otro de Alison Ellwood, autora de la aclamada serie Laurel Canyon, en el que se volvían a poner de manifiesto los mismos problemas en las mismas circunstancias, pero esta vez en el contexto del punk con Los Go-Go’s.

Este grupo californiano empezó subiéndose al carro de punk por motivos generacionales, pero para su primer disco ya estaban en la Nueva Ola. Algo que no era extraño, pues entonces las modas duraban un par de años como mucho, que una persona se pase treinta y cinco años yendo de punk con un dress code homologado es un fenómeno extraño que poco tiene que ver con la mentalidad de entonces, fruto muchas veces de la improvisación y respuestas impulsivas a la situación del momento.

Su primero disco, La belleza y el ritmo, con una extraordinaria portada, vendió dos millones de copias. Sacaron dos elepés más antes de separarse en 1985 tras haber llevado una estilo de vida del rock and roll como cualquier otro grupo de chicos de la época. Esto es, se pusieron hasta arriba de cocaína, alcohol y caballo. Al menos de la tormenta surgió la sólida carrera de Belinda Carlisle, porque el legado de las Go-Go’s no ha sido nunca especialmente reivindicado. Estuvieron más cerca de las Bangles, con quien compartieron algún miembro, que de los grupos de Riot grrrl, pero se puede trazar con facilidad la línea que une a los B-52’s, Blondie y The Go-Go’s. En el documental, al menos, aparece una integrante de Bikini Kill asegurando que para ella fueron un modelo.

En el inicio de esta hora y media se aprecia bien la génesis del movimiento punk, que era el hogar de los inadaptados. Todos los que en el instituto habían estado fingiendo que eran lo que no eran o que habían sido marginados, o aquellos con infancias difíciles por los motivos que fuera, formaron la columna vertebral de una tendencia que pretendía romper con todas las normas y redefinir todos los cánones estéticos. Es el mismo patrón que tienen todos los movimientos juveniles, aunque cambien las formas de canalizarlo y las ideas que se invocan. Algo que se detecta mejor cuando se es viejo y se han visto pasar ya unas cuantas oleadas.

También se cita el famoso concierto de Sex Pistols en San Francisco en el que se separaron en un ejercicio de honestidad prácticamente imposible de ver en un grupo de rock. John Lydon le dijo al público que todo era una estafa y una broma y a los tres días ya no existían los Sex Pistols. Las Go-Go’s en su documental reconocen que querían formar parte de esa broma, pero rescatando el espíritu de grupos de chicas de los 60 como las Shirelles o las Shangri-Las y, por supuesto, sin saber tocar. No obstante, Charlotte Caffey había tenido formación clásica de piano. Es interesante ver cómo en aquel momento los músicos no tenían un pasado de gustos estudiado y con criterio, como dicen los entendidos, sino que, según cuenta, se ponía discos de valses y a Elvis y le daba igual la mezcla, solo quería bailar en su habitación.

Ella fue, en parte, el origen del grupo, cuando cantaba con The Eyes “Dont look at me, dont talk to me…”, un himno feminista primigenio que conectó inmediatamente con las demás. Alrededor de ella y con Belinda al micro se formó el grupo y tuvo otro detalle novedoso además de estar formado solo por chicas, también la manager lo era, Jengibre canzoneri. Se las agenció desde una perspectiva militante, quería formar parte de un proyecto realizado íntegramente por mujeres.

A partir de aquí, la diferencia entre una anécdota o nota al margen y un grupo que marca un hito en su época está en las canciones. Ellas las tuvieron y la explicación de cómo llegaron a ese pop brillante desde un punk de combate, válgame la redundancia, es lo más interesante del documental. Para Charlotte componer era un instinto, pero tuvo miedo cuando le empezaron a salir piezas pop de que la fuesen a echar del grupo. Sin embargo, a todas les gustó en el acto lo que trajo. Mandaron a paseo todo lo que habían hecho hasta entonces y se lanzaron a la siempre difícil conquista de la melodía.

El salto definitivo lo dieron como teloneras de The Specials. El grupo quedó tan encantado con ellas en California que se las llevó a Inglaterra. La manager vendió sus joyas y su coche para poder financiar ese viaje a Londres, donde abrieron para ellos y para los todopoderosos Madness. Fue un ejercicio de retroalimentación entre Estados Unidos y Gran Bretaña tan habituales en la música pop y rock. No obstante, como era costumbre, las escupieron y tiraron de todo en cada bolo. Además, pese a lo que se pueda pensar en la actualidad, a los conciertos de ska de entonces iban muchos ultraderechistas de Frente Nacional que, por supuesto, detestaban su estilo.

El documental aporta en este punto fragmentos de directos en los que se escucha a los cabeza rapadas gritarles “¡Enseña las tetas!”. Lo mismo que se gritaba en Woodstock 99. Fue una gira desagradable, pero Stiff Records les sacó Tenemos la beat. Ese single se empezó comprar y pinchar locamente en Los Ángeles. Pero, incluso así, los sellos las rechazaron. Les decían que los grupos de chicas no vendían, todo lo contrario a lo que ya estaba sucediendo. Tuvo que ser un nuevo sello, IRS, el que las sacara, buscando propuestas para la nueva generación que ya dejaba atrás el .

El éxito trajo los problemas cliché. Charlotte se enganchó a la heroína mientras salían resplandecientes y divertidas en la MTV. Su clip se rodó con lo que sobró del presupuesto de otro de Police y fue clave en su expansión americana y la obtención del número uno. Nunca había pasado antes con un grupo formado íntegramente por chicas. De lo que no se libraron fue de la explotación. Las hicieron girar hasta la extenuación y quitarse de encima a su manager. Es decir, fueron absorbidas por los ejecutivos con el único objetivo de hacer dinero. Lo mismo de siempre.

El siguiente apartado no podría ser más predecible. Las chicas empezaron a pelearse entre sí por los royalties, que se los llevaba en su mayoría Charlotte, la heroinómana, que era la que componía. El ambiente se intoxicó. Es muy fácil pasar de ser las mejores amigas a las peores, explican. En las últimas apariciones desarrollaron una técnica para seguir tocando en el escenario fingiendo alegría después de haber tenido bronca en el escenario. Rock in Rio fue su punto más elevado de consumo de drogas. Tanto se ponía Charlotte, que el mismísimo Ozzy acabó expulsándola de su camerino. ¿El punto positivo? Con el paso de los años volvieron a ser amigas y hubo reuniones, aunque con menos repercusión, lógicamente, pero tampoco eso es original en la historia del rock.

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