May 15, 2022

Afrika Bibang e Iker Piris llevando ritmos negros a Getxo

Richie Salvador, Afrika Bibang y Rock Lee en Romo. / CARLOS Gª AZPIAZU

La vocalista afrogetxotarra irradió soul sofisticado en la Biblioteca de Romo y el guitarrista tolosarra descargó blues genuino en el pub Piper’s de Algorta

Óscar Cubillo

Un jueves pluvioso pero bien aprovechado con dos conciertos compatibles de horario y con el metro en funcionamiento. Dos bolos de música negra bien asimilada que conectaron con el público, escaso y atento en el auditorio de Romo ante la bailonga Afrika Bibang, y nutrido y dividido entre los bebedores y los espectadores ante el experto Iker Piris en el pub irlandés Piper’s de Algorta.

A las 7.13, en el Aula de Cultura de Romo, en el auditorio del sótano de su biblioteca, a 5 euros la entrada y ante sólo una veintena de espectadores pero muy proactivos (las láminas de lluvia tormentosa que llegaron a frenar el metro en Lamiako seguro que retrajeron a numerosos espectadores potenciales), Afrika Bibang presentó en trío (Richie Salvador al teclado e Israel Monzoncillo, alias Rock Lee, al bajo y las programaciones: baterías, guitarras, vientos, cuerdas…) su EP ‘Ispiluaren aurrean’ (frente al espejo), y en 58 minutos modeló 12 canciones muy luminosas, más propias de terrazas hoteleras, escenarios festivaleros, exhibiciones publicitarias o de inauguraciones chic que del amplio sótano de la biblioteca, con 200 asientos (buf, cubierto solo al 10 %, como quien dice).

Afrika Bibang, getxotarra de padres ecuatoguineanos. /

CARLOS Gª AZPIAZU

Pero Afrika, que no dejó de bailar («esto es como ir al gimnasio pero con vestidito y zapatos»), supo llenar el espacio y sus dos escuderos con los pregrabados multiplicaron el sonido de modo cálido. Ella cantó casi todo en euskera y algo en inglés, remitiendo a Matt Bianco (‘Aitzakiak’, con rapeado, por el epílogo ‘Sua’, con petición de «¿unas palmitas?»), a los Clash (el bajo funk de ‘Horrenbeste komeria’, con pasaje africano), a Zetak (‘Begira’), a Gil Scott-Heron (‘Revolution’, con guiño obvio a Marvin Gaye), a la onda setentera bonita y melódica (‘Emakumeak’, una cima de la cita, con violines pregrabados, la que presentó diciendo: «Revindico la autonomía emocional de todos, pero sobre todo de las mujeres, nosotras solitas podemos con todo»), y hasta al swing por la influencia más retro (‘Red lights’).

Afrika estuvo suelta, el trío conjuntado, y el concierto fue muy distinto al de hace un año en la escuela de Música Andrés Isasi de Las Arenas, cuya crítica titulamos ‘Como un ensayo’. Jo, qué ganas de verla con la banda al completo, en septeto con dos coristas .

Iker Piris en el Piper’s. /

CARLOS Gª AZPIAZU

Contentos y más que satisfechos llegamos a la estación de metro de Las Arenas cuando jusnto entraba por el túnel el convoy, y con margen llegamos al pub Piper’s de Algorta, donde a las 8.39 arrancó su recital en todos los sentidos (voz fornida similar a la de los negros estadounidenses urbanos de los 40-50, guitarra electroacústica Hoffmann de 1953, dominio del público: de quienes le hacían caso y de los que no, en total entre 70 y 100 almas), su concierto en solitario de 20 piezas en 95 minutos. Casi todo el repertorio discurrió en inglés (‘Guantanamera’, en el bis, fue el único tema en castellano), y la mayoría de títulos originales, aunque hubo versiones de Muddy Waters y dos de Elmore James, las tres consecutivas y con Iker frotando la slide, el ‘Give me back my wig’ de Hound Dog Taylor, ‘Roll, roll, roll’ de Guitar Junior, un par de instrumentales seguidos de onda ragtime, o una de Blind Lemon Jefferson de quien informó el actuante: «voy a contextualizar, años 20 (del pasado siglo, sí), negro, ciego, esclavo, veinte centímetros…».

Profesor de guitarra que domina las seis cuerdas y es capaz de bajar en un instante la intensidad para implicar al público y de pasar en un chas del ritmo al punteo, y vocalista tolosarra dotado de una profundidad vinculada a los recolectores de algodón de Alabama (por ejemplo), Iker Piris, que no para de dar conciertos con distintas bandas, elaboró el blues como el Jimmy Reed saltarín, dibujó el boogie (quizá fue instrumental ‘Ike’s boogie’ de Ike Turner, el marido cabronazo de Tina Turner), cantó el rock and roll en plan Los Fabulosos Thunderbirds, sublimó el blues campero, estrenó una canción que grabará en el segundo disco de su grupo Iker Piris & His Dual Electras (un soul titulado ‘Looking out my phone’ e igualito a Eli Paper Boy, o sea calculen el vozarrón y la verosimilitud o autenticidad), y eso, el bis fue el guajiro ‘Guantanamera’ al que Iker colocó codas de guitarra jazz, pues Iker Piris es licenciado por Musikene, del Conservatorio Superior de Música del País Vasco.

Ah, al acabar el concierto vendió varios de sus cedés, señal de que fue un recital que trascendió lo hostelero.

.