January 17, 2022

El autor argentino pide el premio Cervantes para Serrat

No todas las canciones tienen un libro. Hay que ser más que una canción para conseguirlo. Rosa Sala Rose dedicó un ensayo a ‘Lili Marleen’ en el 2008. Luis García Gil publicó en el 2016 su obra sobre el ‘Mediterráneo’ de Serrat. En esa estela, el escritor argentino Gastón García Marinozzi, de 47 años, analiza ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón’, tema creado por su compatriota Fito Páez en 1985, y que ha sido versionado por decenas de otros artistas. ‘¿Quién dijo que todo está perdido?’ (Turner) se trata, como reza su subtítulo, de la ‘Biografía de una canción’ que es, en opinión de su autor, “la última gran canción latinoamericana”.

Todo empezó cuando García Marinozzi -quien nos saluda por videollamada desde su casa en Ciudad de México- se puso a colaborar con el director Diego Álvarez en un documental sobre los 30 años del disco ‘Giros’, que es el que contiene la canción. “Trascendió por completo a Fito Páez, a los pocos meses ya la cantaba Mercedes Sosa, que fue quien la hizo famosa en muchos lados”.

“Nace en el contexto de la recuperación de la democracia en Argentina -explica-, y se sitúa enseguida en la estirpe de canciones para cambiar el mundo, incluso revolucionarias, que da ka sensación de que pueden cambiar las cosas. Surge en una época en que ya no existían este tipo de canciones, como las de Pablo Milanés o Mercedes Sosa. Y, sin embargo, llegó: en Argentina se cantó contra la dictadura; en Chile un abogado de las víctimas de Pinochet, la cantó como alegato final en el juicio. Luego, en las protestas de Nicaragua. Más tarde, en México se canta por los desaparecidos…”.

Toda causa, en fin, necesita una canción, aunque no todas se conviertan en globales. “El movimiento feminista en México tiene la suya, la Canción sin miedo de Vivir Quintana, contra los feminicidios; como el Black Lives Matter, con banda sonora en Spotify, o la ‘primavera chilena’. Eso diferencia a la música de todas las demás artes: no todo cambio tiene una novela o un cuadro”. García Marinozzi ve ‘Bella ciao’ como “la primera canción-himno del siglo XX, se sigue usando hoy, no solo por ‘La casa de papel’, se la cantaron a Salvini en un autobús, fue muy emocionante”.

Interpretaciones

“Ana Belén le dio un tono totalmente diferente, la convirtió en una canción de amor, y en España siempre se he leído así, mientras en Latinoamérica tiene un perfil más político”

“Ana Belén le dio un tono totalmente diferente a Yo vengo a ofrecer mi corazón -prosigue-, la convirtió en una canción de amor. En España siempre se la ha teñido así, con Buika, Sole Giménez, Judit Neddermann… mientras en Latinoamérica seguía mostrando un perfil más político. Con la pandemia del Covid, se cantó como canción de comunidad, contra el miedo, un poco como ‘Resistiré’ en España. Susana Baca, en el Perú confinado, decide grabarla a capella, porque no podía reunirse con sus músicos, en un disco precioso que acaba ganando el Grammy. Sigue estando vigente”. De hecho apunta que “desde la Macarena ninguna canción española ha sido global, han venido más de otros lugares de habla hispana”.

Lo cierto es que el autor ha hablado con Fito Páez y este “no está de acuerdo conmigo, pero es que esta dimensión de su obra no depende de él, le trasciende por completo. Él me dice que no es un himno, que ‘simplemente hago una canción y luego otra'”. García Marinozzi ve mucho más: “Serrat, con quien también hablé, es básico, porque fue el que enseñó a Fito a hacer letras en español. También están las influencias de la ‘chanson’, los Beatles, Bob Dylan, la canción cubana, el rock argentino… Es una canción que resume todo un momento de la historia de la música”.

El ensayo va más allá de historiar un tema musical: pretende mostrar qué significa la fuerza de una canción, incluso por qué cantamos. “Hay dos partes. En la primera, más teórica, intento pensar por qué una canción es lo que es, qué significaba la cultura en el regreso de la democracia, que fue fundamental en la reconstrucción de una sociedad”. Desfilan referentes como Roland Barthes a los neurocientíficos o Pascal Quignard, el autor de ‘Odio a la música’, “que nos cuenta por qué la música fue el único arte cómplice de los nazis”. La segunda parte es una vuelta al mundo en que ha sonado la canción, entrevistando a todo tipo de personajes relacionados con ella, en especial otros cantantes, de Serrat a Omara Portuondo, pero también actores, como Jorge Perugorría, o escritores, como Wendy Guerra.

Gastón García Marinozzi

TORNERO

García Marinozzi, que es también novelista, lo demuestra en escenas dramáticas como el asesinato de la tía, la abuela y la asistenta de Fito Páez. “Él grabó la canción, salió el disco y al poco tiempo ocurrió esta tragedia: un tipo entra en su casa y mata a la abuela y la tía, además de a la trabajadora, que estaba embarazada. Lo que menos quería Fito era ofrecer su corazón, era un ser dolido, golpeado, enojado, dejó de cantarla y grabó un nuevo disco, ‘Ciudad de pobres corazones’, que es todo lo contrario a ‘Giros’, dice: ‘En esta puta ciudad todo se incendia y se va / matan a pobres corazones…”

Habla, finalmente, del “merecido Nobel” a Bob Dylan y pide ya “el premio Cervantes para Serrat”. “Como dice Pedro Mairal, escritor y músico, algo que en un poema puede quedar cursi, es sublime  cantado, porque las letras de la música tienen su propio lenguaje y, en algunos casos, es alta literatura, como la de los más grandes poetas. La capacidad de la canción es condensar en tres minutos el mundo, los novelistas desperdiciamos páginas y páginas”.