January 19, 2022

Los Buenos Muchachos volvieron e iluminaron a un público sediento con toda su oscuridad

Por Leonardo Silveira | @LeoSMattiauda

El viernes pasado fue la esperada presentación en sociedad
del noveno disco de una de las bandas de la escena rock contemporánea más
queridas del país: Buenos Muchachos. Fue en el Teatro de Verano y para todos
los que estuvimos ahí las sensaciones vividas pasarán a formar parte de la
memoria colectiva de los grandes shows que atesora el mítico Ramón Collazo.

Vendrás a verte morir (2020)
es un disco que, al momento de comenzar a grabarse, cae en la pandemia y queda
impregnado de incertidumbres. Desde su gestación es un disco con un sonido más
meticuloso, con otra maduración, otras atmósferas e instrumentaciones, en el
que el tiempo va transformando la alquimia.

A las 21h era la cita; para muchos, la vuelta a compartir
un espectáculo de rock de grandes dimensiones y la ansiedad mezclada con
euforia se respiraba en el aire rico de la fila de acceso. Son casi treinta
años de ruta para los Buenos y ahora su público abarca un abanico mucho más
amplio y ecléctico, que ha convertido a la banda en una de las más importantes
de un género único y particular en nuestro medio.

A minutos de comenzar, el ambiente era de entusiasta calma,
no suena esa música que muchas veces hace de previa, el escenario está casi en
tinieblas, están encendidas las potentes luces blancas que alumbran a la gente,
que se va acomodando y saludando en estas nuevas normas entre choques de puño y
abrazos como los de siempre.

Se apaga todo, comienzan casi por el final del disco con la
intro de “Hiedra de tirso” y ese recitado ronco de Pedro Dalton, al mejor
estilo del maestro Nick Cave. Continuaron con “Sueño marabú” y muestran la
puntita de la maquinaría sonora que explotaría más adelante con Gustavo “Topo”
Antuña y sus entretejidos arpegios, mientras algunos ya se paraban de las
gradas con ganas de soltar la ansiedad contenida tanto tiempo.

En esta primera parte recorriendo el nuevo disco, van mostrando
de a poco el magistral diseño lumínico, bajo el sutil manejo de Diego Viera,
que insinúa la tremenda escenografía de fondo con una escultural manta de metal
de chapas plateadas con más de seis metros de alto, trabajada por el artista
plástico Javier Abdala y su taller.

Entre canción y canción quedan unos huecos de segundos en
silencio y oscuridad, claramente marcados, tal si fuera ese espacio cuando
escuchamos el disco entre una otra canción.

Foto: Marcos Mezzottoni

Se los ve sobre el escenario felices, cómodos, y así lo
dice Pedro en las pocas veces que interactuó con el público para agradecer. También
hubo espacio para que tomara el centro de la escena Marcelo Fernández que se
descolgó la guitarra y tomó el micrófono para ponerlo todo en la interpretación
de “Azul”.

Van al segundo lado de la presentación luego de un breve
intervalo con “Corso flojo” a esta altura con el sonido cristalino y conmovedor
en las perillas de Gastón Ackermann y con Pancho Coelho en la percusión.

Y entonces vuelven con la segunda parte a la titularon
“Aquella luz en el túnel” y se preparan para liberar la alegría del púbico que
ya está totalmente de pie y vibrante. Arrancan con “Cambió el cuarto” (Uno
con uno y así sucesivamente, 2006
) luego la catarata de emociones nos
llevaría por: “Arco”, “Villete de oro”, “Antenas rubias” – una de las bellas y
premiadas canciones del disco anterior, coreada por todos – para luego explotar
con una versión mucho más percutiva de “Temperamento”, acribillada por un
despliegue de luces marcando el tempo; y al final despedirse gozados con “Sin
más” y “Sangre de Arachania”.

Foto: Marcos Mezzottoni

Foto: Marcos Mezzottoni

Algunos dirán que faltaron clásicos de siempre como “He
never want…” o “¿Qué hacés Joao?”, pero todo de una vez no se puede y el
concepto de la lírica y el pulso poético del momento hacía más resplandeciente
este repertorio: “Bajo una manta de vidrio y acero está el fantasma que habita
las cosas. Vendrá un apagón resplandeciente. Vendrás a verte”. Fue una noche
deslumbrante, con la experiencia de encontrar la brillante luz del arte en la
oscuridad que tanto entusiasma.