January 26, 2022

Los días de Frank Sinatra en la Argentina, a 22 años de su muerte: música y sospechas políticas

Este jueves 14 de mayo se cumplen 22 años de la muerte de Frank Sinatra, uno de los mejores cantantes populares, símbolo del crooner y también de la cultura ítaloamericana. En 2018 se editó en la Argentina el libro Operación Sinatra, la historia secreta de la visita de La Voz a la Argentina, de los periodistas Diego Mancusi y Sebastián Grandi, que recuerda el paso del astro de la música por nuestro país.

El 2 de agosto de 1981, a los 65 años, Frank Sinatra pisó suelo argentino. Pasaría diez días en aquella Capital Federal del país y de la represión militar. Su voz, tan elegante y dorada que en los Estados Unidos había despertado en los fans reacciones de histeria muchísimo antes que Los Beatles, llegaba por fin para elevar hasta el límite la emoción en cuatro conciertos vip en el Hotel Sheraton y llenar dos Luna Park. Una figura global acá y, para muchos, el sueño de tener a unos metros la banda de sonido de su vida. Recreo prima en medio de los años de violencia y muerte del sufrido país del Sur.

Sinatra y su fama viajaban por el mundo. Pero, ¿qué llevaba bajo su piel el hombre de la voz perfecta? Los periodistas buscan más que música. “La investigación nos sugirió que tenía un rol en la CIA, nos mostró la cercanía con el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan y la reunión que mantuvo a puertas cerradas en Olivos”, le contó a Clarín Diego Mancusi. “Nos atrevemos a conjeturar que vino a hacer mucho más que cantar”, dicen los periodistas. Además de ver al presidente de facto Roberto Viola en Olivos, en esos días intensos el cantante también brindó con el gobernante en su suite del Sheraton. ¿Traía instrucciones de Reagan? Ese es uno de los ejes del libro.

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Entre otras fuentes, la investigación recupera un fragmento de La hija de mi padre, publicado por Tina Sinatra en 2001, en el que la autora cuenta: “En cualquier momento que yo quisiera contactarlo (a Frank), sin importar adónde hubiera volado, solo tenía que llamar al conmutador de la Casa Blanca”.

Mancusi y Grandi recrean, además, el fenómeno popular. En el viaje de Ezeiza a Retiro, mucha gente se amontonó sólo para ver pasar a la estrella -a toda velocidad- por la autopista. Semanas antes, las discográficas locales habían lanzado compilados en celebración de su visita. En cada presentación en el Luna hubo casi 20 mil personas y, también, transmisión de TV. El domingo 9, la sexta carrera del Hipódromo de Palermo se denominó “Premio Frank y Barbara Sinatra” -evoca el libro-. Se esperaba la presencia del croarr y su cuarta esposa -quien sí finalmente participó-; peregrinaron hasta el lugar 32 mil almas. En esos días hubo también una breve conferencia de prensa en el Sheraton con ¡300 cronistas! acreditados. “¿Qué hay de cierto sobre su relación con la mafia en Las Vegas?”, le preguntaron. Sinatra miró entre enojado e incrédulo y pasó a la siguiente consulta.

“El fin de semana en el que Frank Sinatra tocó en el Luna Park, Boca estaba a punto de salir campeón. Y sin embargo en las portadas de los diarios se le dio más espacio a la cobertura de la visita de La Voz -explica Mancusi-. No había venido al país una estrella de ese calibre antes, y sólo podríamos compararlo a nivel acontecimiento -por la magnitud de la banda, por la espera de los fans, por la repercusión mediática y por haberse reunido con el presidente de la Nación- con lo que pasó con los Rolling Stones en el ’95.”

Pero la crisis económica había estallado antes de que aterrizara el cantante. Semanas antes, al mismo tiempo que se celebraba su inminente presencia, crecían las críticas. El conductor Hugo Guerrero Marthineitz azotaba. En el libro que publica el sello Aguilar, Palito Ortega -quien produjo y financió la llegada de La Voz- recuerda: “Tenía que soportar que en la radio un tipo como Marthineitz abriera su programa diciendo: ‘Son las dos de la tarde, en el país hay gente que no tiene para comer y sin embargo viene Frank Sinatra’”. En ese clima, los días 7, 8 y 9 de agosto se organizó en el Estadio Obras el Festival de Música Popular Argentina, también llamado “festival anti-Sinatra”, que contó con figuras como Luis Alberto Spinetta. Se apoyaba en el fastidio que en muchos despertaba Ortega: había producido y protagonizado las películas Dos locos en el aire (1976) y Brigada en acción (1977) que romantizaban a la Fuerza Aérea y a la Policía Federal en los años de plomo.

En su esplendor. Frank Sinatra.

En su esplendor. Frank Sinatra.

¿Lo estigmatizaban? ¿Palito era simplemente un empresario musical tratando de “remar”? Grandi analiza: “Su vínculo con las fuerzas de seguridad era público y notorio, ya desde sus películas o desde aquel video que grabó sobre soberanía nacional (una publicidad institucional de gobierno que protagonizó en 1979). A la ‘aventura Sinatra’ se suma como un productor más queriendo cumplir un sueño y hacer un negocio, pero ante la debacle económica también termina acercándose al poder en busca de algún tipo de asistencia. Más allá de eso, a Ortega se lo miraba de reojo en ciertos círculos intelectuales-progresistas, por esta vinculación con los militares, pero también por su estatus de cantante ‘grasa’, comercial, frívolo. En este sentido, Palito obtuvo cierta redención a partir de haber salvado a Charly: eso le valió, al fin, la aceptación del rock”.

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El laurel de parar a Frank Sinatra en Buenos Aires para escuchar clásicos como Te tengo bajo mi piel, Extraños en la noche y Tema de Nueva York, Nueva York implicó, para Ortega, un terremoto financiero de escala ocho. El contrato para los conciertos se había firmado en febrero, en Estados Unidos, en dólares. Si bien la economía ya empezaba a trastabillar -la “plata dulce” era un recuerdo y se venía el final de José Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía- aún no se preveían las violentas devaluaciones que marcarían el año.

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Meses después, tras los diez días de visita ilustre, el balance económico de Ortega mostraba 1,7 millones de dólares en rojo, cifra que enseguida trepó a 2 millones dólares. Endeudado, Palito pagó, incluso con su patrimonio. “Yo sé todo lo que te pasó”, le había dicho Sinatra antes de subir a la escalerita del avión para marcharse de la capital argentina. En ese mismo momento, La Voz le prometió apoyo si decidía viajar a Estados Unidos. Un pacto que cumplió fielmente: a mediados de los 80, bastó una llamada de Ortega al abogado de Sinatra para que el dueño de La felicidad recibiera respaldo -y propuestas laborales- para instalarse en Miami.

-¿Los shows de Sinatra fueron una desmesura para la economía argentina de 1981?

-Las entradas para las cenas show del Sheraton eran muy caras, pero nada que el público de clase alta no pudiera pagar -responde Grandi-. Lo que condicionó fue no sólo el contexto de crisis, sino la inexperiencia del país en este tipo de cataclismos económicos: la devaluación monstruosa de Lorenzo Sigaut (fue designado ministro de Economía el 1° de abril de 1981) había tenido un solo antecedente en el Rodrigazo. Hoy estamos más acostumbrados a estas situaciones y puede haber shows exclusivísimos sin generar reacciones, pero en aquel momento se lo tomó como un derroche en tiempos difíciles. Cosa de la que el empresariado se hizo cargo: muchos le decían a Palito que no querían ir al Sheraton por miedo a que les sacaran una foto y quedaran escrachados con sus empleados, que les pedían aumento. Ese pudor hoy parece absurdo.

Un álbum clásico de Frank Sinatra, con su oda a New York.

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Menos de un año después, con Sinatra ya como recuerdo, a estas tierras llegaría el dolor de Malvinas. Y la prohibición de difundir música cantada en inglés en las radios.

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