January 28, 2022

Los hermanos turcos tras el legendario sello de jazz Atlantic Records

En los años 30 del siglo pasado, Washington D.C. era el epicentro del jazz, pero también la capital federal de un país sometido a una estricta segregación racial. Así, como cualquier afroamericano del periodo, músicos de la talla de Ella Fitzgerald y Conde Bassie no podían viajar en las primeras filas del autobús ni compartir aula, hospital, gimnasio o restaurante con sus conciudadanos blancos.

En ese contexto de exclusión, la embajada de Turquía en EE.UU. acogió en 1935 a su primer inquilino, Munir Mehmet Ertegun. Al diplomático, de talante progresista, lo acompañaban sus hijos Nesuhi y Ahmet, quienes, 12 años después, y de resultas de su pugna contra la intolerancia, fundarían uno de los sellos fundamentales en el impulso de la música negra, Atlantic Records.

El pasado mes de octubre, el Festival en Antalya (Turquía) acogía la presentación del documental, Deja la puerta abierta, que no sólo reivindica el papel de los hermanos como mecenas musicales, sino también como ejemplo de tolerancia. Su directora, Umran Safter, considera que su gesta continúa teniendo un inmenso significado: «Vivimos en un mundo en el que podemos extraer inspiración de historias de coraje y resistencia a la presión populista en sociedades altamente polarizadas como la protagonizada por ellos».

Ümran Safter, directora de ‘Leave the Door Open’.

El documental es una mirada profunda a la trayectoria vital de los dos hermanos, con la recopilación de puntos de vista de familiares, historiadores, productores musicales, músicos y académicos en Washington y Nueva York que no sólo comparten con los espectadores sus puntos de vista y las experiencia vitales compartidas con los impulsores de Atlantic Records, sino que también conocen las condiciones sociales y políticas del periodo.

Un autógrafo de Lady Ella

Nesuhi y Ahmet Ertegun aterrizaron en su nuevo hogar con el anhelo de poder escuchar en vivo a sus ídolos. Los anteriores destinos de su padre habían sido Suiza, Francia y Reino Unido, donde, a los nueve años, el más pequeño se había quedado deslumbrado en un concierto de Duke Ellington en el Paladio de Londres. En la época, los chavales de su edad coleccionaban cromos de Supermán, pero Ahmet, en cambio, había hecho acopio de 20.000 discos de jazz.

A su llegada a la ciudad de sus sueños melómanos, la sorpresa fue desagradable y mayúscula, pues al salir en pos de nuevos álbumes, descubrió que no había a la venta jazz, sólo pop. Las grabaciones de los músicos negros a los que idolatraban no estaban disponibles al público blanco. No digamos ya la programación en los clubes con la que fantaseaba.

Una empleada en una tienda del centro les aconsejó visitar el Howard Theatre, enclave histórico que durante décadas ha servido de escaparate a los creadores afroamericanos.

«Hubo una ocasión en la que Ahmet afirmó que se había educado en Howard. La gente pensaba que se refería a la universidad, pero estaba hablando del teatro, que fue donde escuchó a la crema de la crema de la música», revela durante el documental la profesora de música en la Universidad de Georgetown Anna Celenza.

Entrevista para el documental a la profesora universitaria de música Anna Celenza.

En aquel entonces, la audiencia del local podía asistir a recitales de Ellington, Billy Eckstine y James Moody, Miles Davis, Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald, a la que Ahmet le pidió su primer autógrafo.

Sesiones de improvisación en la residencia del embajador

Su crianza en un entorno multicultural llevó al dúo fraternal a rechazar la discriminación racial y a poner a prueba los códigos sociales aceptados. Contrariados con la marginación que padecían sus artistas de cabecera, se enfrentaron al statu quo y empezaron a visitar los clubes de jazz de U Street y las tiendas de discos de Seventh Street.

Con el tiempo entablaron amistad con figuras fundamentales de la escena, como el periodista y fotógrafo del El Correo de Washington William Paul Gottlieb, el propietario de la tienda de discos Waxie Maxie, Max Silverman, y el pianista, compositor y divulgador de jazz Billy Taylor.

«Para los hermanos, el jazz significaba libertad de expresión, un instrumento de justicia social y un género musical moderno», sintetiza el comisario musical del Museo Nacional de Historia Estadounidense, John Hasse.

Cuando su padre descubrió que por las noches salían a escondidas a los clubes a ver conciertos, les contrapropuso que trajeran a los músicos a su residencia. De esta forma, los Ertegün se convirtieron en anfitriones de sesiones improvisadas interraciales en Everett House, esto es, la sede de la embajada turca.

El primer embajador de Turquía en EE.UU. Münir Mehmet Ertegün, su mujer y sus hijos.

Cada domingo organizaban encuentros de música informal. Invitaban a sus amigos músicos a cenar, que traían consigo sus instrumentos, y las veladas se coronaban con conciertos mixtos, donde artistas blancos y negros improvisaban jazz.

La embajada sufrió presión política, porque la gente de color no estaba autorizada a sobrepasar la puerta de entrada. El patriarca de los Ertegün recibió las quejas de varios congresistas, así como de las embajadas vecinas, pero su hogar era un oasis diplomático y no se arredró.

«Ahmet y Nesuhi Ertegun rompieron con todas las barreras de prejuicios raciales y acogieron a músicos negros en unas instalaciones diplomáticas durante un periodo muy oscuro de intolerancia humana», recalca la directora de Deja la puerta abierta.

Entre los artistas que actuaron en la residencia del embajador se encontraban leyendas como Ellington, Bassie, Lester Young, Teddy Williams y Johnny Hodges. A la muerte de su padre, cuando el tándem se instaló en Nueva York y fundaron junto a Herb Abramson Atlantic Records en 1947, muchos firmaron por el sello. Con el tiempo, la discográfica lanzó las carreras de John Coltrane, Charles Mingus, Ornette Coleman, Miles Davis y Ray Charles. Más allá de su melomanía, la falta de prejuicios, el respeto y la confianza depositada en los músicos afroamericanos fueron sus principales bazas.