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August 1, 2021

El centenario del desastre de Annual – Global Issues

Oficiales españoles inspeccionando los restos de una guarnición en Monte Arruit, julio de 1921. Anual, Marruecos. Crédito: dominio público.
  • Opinión por Joaquin Roy (miami)
  • Servicio Inter Press

Del 21 de julio al 9 de agosto de 1921, los destacamentos militares que habían intentado consolidar la presencia colonial en el territorio del Riff, al norte de la zona norte del denominado Protectorado ubicado en la vertiente mediterránea del actual Reino de Marruecos, fueron masacrados con sangre en el llamado Desastre Anual.

Este episodio ha quedado grabado en la memoria no solo de los militares, sino también en la conciencia nacional.

En pocas palabras, lo ocurrido en el norte de África en la segunda década del siglo XX fue consecuencia de un desastre más espectacular que sufrió el imperio español a finales del siglo anterior.

Como entierro rotundo del imperio español, que había perdido casi todos los territorios americanos en el siglo XIX, en 1898 Estados Unidos puso fin a la presencia española en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, imponiendo la rendición y cesión de esos territorios tras la incidente del hundimiento del acorazado Maine en la bahía de La Habana.

Avergonzado por la derrota, el ejército español pasó la culpa del terrible desastre a los políticos. El traumático suceso final originó en España diversas consecuencias, entre las que se encuentran un período de introspección y meditación sobre la esencia nacional, presidido por la “Generación del 98”, y el surgimiento de un regeneracionismo liderado por diversos sectores de influencia pública.

Mientras que la monarquía en el período de la regencia difícilmente podía sobresalir en remediar el estado de postración nacional, los militares se preparaban para buscar la construcción de un imperio sustituto.

Continuando con las anteriores incursiones en el norte de África, la coalición de fuerzas conservadoras con sectores militares, en busca de empresas alternativas a la pérdida de los territorios imperiales, creyó encontrar un imperio de reemplazo en el norte de África.

El reclutamiento de contingentes militares en base a tropas de reemplazo forzoso produjo los graves incidentes de protesta en los puertos de embarque. Destacó entonces la oposición que originó la llamada Semana Trágica de Barcelona en 1909, fruto de una feroz represión. El gobierno sobrevivió. España estaba destinada a inventar otro imperio.

El reparto de los inmensos territorios africanos entre las potencias europeas dio lugar a la adjudicación a España de la parte norte que comprendía el Riff, con una accidentada geografía poblada por un contingente humano que apenas se ha identificado con la precaria unidad de Marruecos.

La administración del llamado Protectorado sería una misión difícil de cumplir hasta su desaparición. La orden de retirada tuvo su holocausto en el lugar denominado Anual, donde el destacamento español de once mil quinientos soldados fue masacrado y los supervivientes fueron pasados ​​a cuchillo. Estos sangrientos hechos fueron revividos novelísticamente por importantes escritores como Ramón J. Sender.

En este escenario, se fundó la Legión Española, siguiendo el modelo de la francesa. Liderado por Millán Astray, uno de sus líderes más destacados fue el comandante Francisco Franco, quien ascendió en las filas por méritos de la guerra y luego se convirtió en el general más joven de los ejércitos europeos.

Las posiciones de los militares españoles en el norte de África eran deseadas tanto por los comandantes como por las propias tropas implicadas en la corrupción.

Salvó casi milagrosamente la ciudad de Melilla, la presencia española recibió un esfuerzo considerable con la operación conjunta de las fuerzas españolas y francesas en el llamado desembarco de Alhucemas (considerado exageradamente como un precedente de la operación de Normandía), una zona costera que todavía presenta la supervivencia de los presidios españoles.

Como resultado de esa notable operación conjunta, el líder del Riff, Abd el-Krim, se rindió y posteriormente fue liberado. Sobrevivió a sus numerosos adversarios y murió en El Cairo en 1963. Se le considera uno de los “inventores” de la estrategia de guerrilla.

La monarquía de Alfonso XIII sobrevivió cuando entregó el poder al general Primo de Rivera, pero tras su caída en desgracia, la institución pronto desapareció cuando en las elecciones municipales de 1931 los partidos conservadores perdieron el favor electoral en las grandes ciudades.

El Rey abdicó y se declaró la Segunda República. En 1936 Franco se rebeló. Las tropas lideradas por el general golpista partieron de Marruecos al comienzo de la Guerra Civil.

Ceuta y Melilla son restos de esa etapa neocolonial, convertida recientemente en “ciudades autónomas” dentro de la administración territorial española. Pese al abandono del territorio del Sahara, como consecuencia de la Marcha Verde de 1975 cuando murió el régimen de Franco, España insiste en la valoración de la opinión de la ONU sujeta a un referéndum que Marruecos se ha negado a realizar, reclamando soberanía sobre su país. habitantes, tesis que choca con la de Argelia, donde se refugian los saharauis.

Aunque la táctica de Marruecos parece centrada en la ocupación de Ceuta y Melilla, en realidad la prioridad es el control de todo el Sahara y el dominio de la vertiente sur del Estrecho de Gibraltar. Este detalle estratégico es una prioridad para Estados Unidos, que en general ha apoyado los intereses marroquíes, al igual que Francia, potencia que a su vez apoya las tesis de Argelia.

Joaquín Roy es profesora Jean Monnet y directora del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami

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