January 26, 2022

Ante la subida de los precios de la energía, los europeos están cada vez más divididos

Ante la subida de los precios de la energía y la cuestión de las medidas a tomar para reducir la factura y no poner en peligro la recuperación económica tras la crisis del Covid-19, los Veintisiete aparecen cada vez más divididos. A corto plazo, todos saben que Europa no puede hacer nada y que solo son posibles acciones a nivel nacional. Además, diecinueve de ellos, entre ellos Francia, los Países Bajos, España e Italia, ya han decidido reducir los impuestos y diversas subvenciones. Sin embargo, a más largo plazo, no comparten el mismo diagnóstico. El Consejo de Ministros de Energía de Europa, el martes 26 de octubre, destacó una vez más estas divisiones entre tres campos. Y es difícil ver en qué terreno se podría construir un compromiso.

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Por un lado, los países del norte de la Unión Europea (UE), que ven el actual aumento de los precios de la energía como un fenómeno puramente cíclico, defienden por tanto el statu quo. Ni el mercado europeo de la electricidad o el gas ni las medidas adoptadas para combatir el calentamiento global en el marco del Green Deal Austria, Alemania, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Irlanda, Luxemburgo, Letonia y los Países Bajos.

Por el contrario, Francia, España, Grecia, Rumanía y la República Checa abogan por una revisión del mercado del gas mediante una mejor coordinación de los suministros, o incluso el almacenamiento o las compras conjuntas, y una reforma del mercado del gas. «Aberrante», como ha dicho a menudo el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire. “Cada incremento de 1 euro por megavatio hora en el precio del gas natural representa un coste adicional, en términos de factura eléctrica, de 2.700 millones de euros para los consumidores europeos”, Madrid escribió en un comunicado sobre el tema el lunes por la noche.

Dependencia de gas extranjero

Hoy en día, el precio de la electricidad está indexado al de las fuentes de energía de respaldo, que evitan cualquier interrupción del suministro, es decir, con mayor frecuencia, centrales eléctricas de gas o carbón vegetal. Francia, que deriva el 70% de su producción de sus centrales nucleares, o España, que ha invertido mucho en renovables, quieren que este precio incluya, de una forma u otra, el coste de producción -menos elevado en su caso- de el país donde se fabrica.

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“Esta propuesta no tiene sentido para otros países europeos que producen su electricidad a partir del gas”, confía un diplomático. España, especialmente afectada por la subida de la electricidad, solicita a la Comisión que, si no se emprende una reforma estructural, se plantee un sistema que permita a un Estado miembro, en casos excepcionales, abstenerse de esta operación.

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