January 18, 2022

“La teoría del goteo no generó prosperidad para todos”

El nuevo informe del Laboratorio de Desigualdad Global (World Inequality Lab, WIL), publicado el martes 7 de diciembre, arroja nueva luz sobre cómo nuestras sociedades se ven debilitadas por múltiples desigualdades, monetarias, educativas o incluso en el acceso a la atención, como recuerda la pandemia de Covid-19. Lucas Chancel, codirector del Laboratorio de Desigualdades Globales, y que puso a prueba este informe con los economistas Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, subraya que restaurar la progresividad fiscal y construir un sistema tributario verde redistributivo debe ir de la mano para reducir las desigualdades y apoyar la transición ecológica.

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La pandemia ha subrayado la necesidad de un estado fuerte para superar la crisis. ¿Puede esto renovar el debate sobre fiscalidad?

Absolutamente. La crisis del Covid-19, por un lado, ha acelerado la concentración de la riqueza en manos de los multimillonarios y, por otro, ha aumentado la pobreza extrema en los países emergentes, después de veinticinco años de declive. Entre estos dos extremos, la intervención de las autoridades públicas en los países ricos ha permitido contener el aumento de la pobreza en esos países. La máquina redistributiva del estado social, financiada con impuestos, se activó y funcionó relativamente bien. Pero a costa de un aumento de 15 puntos en la deuda pública media de estos países. ¿Quien pagará? ¿Se les pedirá que paguen a los jóvenes que han sufrido esta crisis de frente? ¿Tendremos que cancelar las deudas o dejar correr la inflación para saldarlas?

Cada una de estas opciones tiene efectos más o menos desiguales que deben discutirse. La ventaja de la fiscalidad es que es una herramienta transparente. Con un impuesto progresivo sobre las propiedades más altas, podemos involucrar explícitamente a quienes más prosperaron durante la crisis. Acompañado de un “suplemento por contaminación” para quienes poseen acciones en sectores intensivos en carbono, un impuesto de este tipo sobre la fortuna de los multimillonarios podría generar al menos entre el 1,5% y el 2% del PIB mundial. Suficiente para financiar casi toda la inversión adicional necesaria, según la Agencia Internacional de Energía, para lograr con éxito los objetivos del acuerdo climático de París.

Los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han acordado establecer una tasa impositiva mínima del 15% para las multinacionales. ¿Es este el amanecer de una revolución fiscal?

Es un paso adelante, que hace quince años parecía utópico. Pero queda mucho por hacer. La tasa mínima del 15%, que tiene como objetivo socavar el negocio de los paraísos fiscales, está lejos de la que paga el restaurante del barrio, casi el doble. En Europa, por tanto, no somos inmunes a la continuación de la carrera hacia el presupuesto fiscal más bajo. Además, las reglas sobre la repatriación de beneficios en los países donde se desarrolla la actividad económica aún no están claras, con posibilidades de exención. Habrá que estar muy atento a los detalles.

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